
El monarca hizo estas reflexiones en un discurso en el salón municipal de plenos de Móstoles ante los Príncipes de Asturias, el presidente del Gobierno, representantes de las altas instituciones del Estado, la presidenta de la Comunidad de Madrid y el líder del PP. Don Juan Carlos rindió homenaje, tras recibir la medalla de honor del Ayuntamiento, a los alcaldes de Móstoles de 1808, Andrés Torrejón y Simón Hernández, firmantes de los dos célebres bandos que llamaban a los españoles a armarse y rebelarse contra las tropas francesas, mensajes que después serían llevados al galope por el jinete de postas Pedro Serrano por los pueblos de España. Mientras, Madrid se desangraba bajo la represión de los 30.000 soldados que Napoleón tenía estacionados en la capital.
Como ya hiciera hace cien años su abuelo Alfonso XIII, que visitó Móstoles con su familia para celebrar el primer centenario, el Rey recordó aquella «jornada emblemática», en la que el pueblo «se adelantó a las instituciones y a sus gobernantes» y, guiado por valores como la «libertad, igualdad y solidaridad», inició el camino que había de conducir a España a la Constitución de 1812, la primera que instauró el concepto de nación, que estableció un Parlamento moderno y consagró la libertad de prensa. Una «revolución liberal» que don Juan Carlos vinculó al proceso de emancipación de las colonias, y que en conjunto ayudó a configurar los perfiles de la nueva América y la nueva España.
Antes tomó la palabra, Rodríguez Zapatero, que coincidió con el monarca al resaltar la «complejidad del momento que evocamos». Un tiempo, dijo, «de extraordinarios cambios a través de los cuales se abrió paso la edad contemporánea». El presidente del Gobierno fue el único que aludió a las etapas sombrías que aún aguardaban al país, e indicó que la Guerra de la Independencia señaló el inicio de «dos siglos de avances y retrocesos, con momentos fulgurantes y oscuros». Al cabo, explicó, ha prevalecido «una idea moderna de España», marcada por una Constitución que reconoce la libertad e igualdad de todos.
Fin del terrorismo
La presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, aseguró que los bandos de los alcaldes mostoleños de 1808 muestran que ya las gentes sencillas de entonces «saben muy bien qué es España y lo que valen nuestra libertad e independencia». Aguirre recordó las memorias de Napoleón, en las que el ya destronado emperador admite el valor del pueblo español, que no se dejó dominar. «Si los españoles siguieron el grito de los valerosos alcaldes de Móstoles es porque todos ya tenían la certeza de que formaban parte de una gran nación», recalcó la dirigente del PP. Su compañero de partido y alcalde de la ciudad, Esteban Parro, pidió «que en todos los rincones de España se escuche alto y claro el grito que hoy desde Móstoles se vuelve a lanzar: que todos los pueblos se unan codo con codo hasta alcanzar el ansiado objetivo del fin del terrorismo».
La celebración comenzó con la llegada de la Familia Real a la plaza mostoleña del Pradillo a las cinco de la tarde, la misma hora a la que, doscientos años antes, los dos alcaldes de la villa firmaron los bandos redactados por el aristócrata Juan Pérez Villamil, que llamaba a defender a España contra la «perfidia» francesa. Ignacio García, el alcalde de Navia, asistió a estos actos en representación del pueblo que vio nacer a este jurista natural de Puerto de Vega.
Tras el himno de España y los honores, el Rey depositó una corona de laurel al pie del monumento esculpido en roca y levantado en honor de Andrés Torrejón y Simón Hernández, inaugurado hace cien años por Alfonso XIII. Después presidió el homenaje a los caídos por España. Tras sus discursos en el Ayuntamiento, los Reyes salieron al balcón para saludar a los casi 20.000 ciudadanos de Móstoles allí congregados, que devolvieron el gesto agitando banderitas de España. Se trasladaron a continuación a la Plaza del Sol para inaugurar un monumento llamado Libertad conmemorativo de este bicentenario y finalmente, en la avenida Dos de Mayo, hicieron lo propio con el Museo de Arte Contemporáneo de la ciudad.





