
Ofició la misa Fernando Fueyo, párroco de San Nicolás de Bari, en El Coto, y capellán del Sporting de Gijón. Él, como otros muchos gijoneses, era un gran seguidor del club. Fueyo aplaudió «su entrega y dedicación constante; no de un día ni de una semana, sino de toda una vida». Y añadió: «Su entrega total a los demás es un ejemplo y un estímulo para nosotros, que muchas veces caemos en la tentación de encerrarnos en nuestro egoísmo, olvidándonos de los demás y del bien común. La muerte de Paco es una ocasión para ensalzar su persona y su esfuerzo. Él luchó con toda el alma por este pueblo y nosotros tenemos que recoger el testigo que nos deja». Durante la misa, dio las gracias en nombre de los familiares por todas las manifestaciones de cariño recibidas.
Cientos de personas, la mayoría de las cuales no pudieron entrar en la iglesia debido a la falta de espacio, rompieron en aplausos al ver salir el féretro a hombros de seis viejos amigos del fallecido. Allí estaban sus compañeros de La Atalaya, como José María García, secretario de la asociación, quien se lamentó por que «Paco no llegará a ver la reforma del local social, pero acabaremos la obra por él». Después de 18 años trabajando juntos, José María lo describe como un hombre «recio, comprometido, honesto, leal, amigo de sus amigos y trabajador. Llevaba casi 30 años en el movimiento vecinal y sólo hace dos que se jubiló. Antes se afanaba más si cabe, pues sacaba horas del trabajo de donde fuese. Gracias a las mejoras que hizo conseguimos dos premios». José María se refiere al galardón 'Pueblu más guapu' del concejo, que obtuvieron en 1996 y 2005.
«Un pedazo de pan»
También acudieron a dar su último adiós los presidentes de las distintas parroquias rurales. María Jesús Bárcena, de Caldones, explicó que «se ha ido un gran amigo y una persona muy importante para el movimiento vecinal. Era un hombre pacífico y tenía la capacidad de tranquilizar los ánimos cuando los nervios estaban a flor de piel». Andrés y Ángel Cabranes, de Leorio, coincidían en subrayar «sus buenos modos, pues nunca tenía un mal gesto ni una palabra desagradable. Ha dejado el listón muy alto». Su amigo José Avelino Canellada lo resume así: «Un zoquete o, lo que es lo mismo, un pedazo de pan».





