El pasado jueves era el PP quien fijaba postura ante el crédito que presentará el Gobierno en la Cámara, condicionando su apoyo a la financiación de proyectos en el sector de la construcción, por la crisis que sufre. El viernes le toca al Principado asegurar que los consistorios del PP e IU tendrán cobertura financiera. ¿Qué pasará la semana que viene? La vida pública asturiana se mueve con una lentitud desesperante. La negociación del Estatuto de Autonomía quedó en vía muerta durante cinco meses, y ahora progresa a la velocidad de una reunión semanal. Y eso que las cosas van bien. La prórroga presupuestaria no se analizó hasta entrada la primavera, y todas las partidas de gasto, de nueva creación, se reducen a dar cobertura al pacto social. El anunciado segundo crédito extraordinario del Principado está en fase de prolegómenos, con pausadas declaraciones de los portavoces partidarios. Los días crecen, pero el dinero no se aprueba. El próximo día 27 de mayo se cumplirá un año desde la celebración de los comicios autonómicos, y en todo este tiempo no se aprobó ni una ley. A nadie le importa. Nadie tiene prisa. Gobernar es estar. Oponerse es sentarse.
La legislatura da para cumbres autonómicas o para escribir memorias de África, pero la realidad regional no excita el instinto de los políticos. Dicen que cambiamos de ciclo, pero no se percibe cambio de actitud. Puede que Asturias progrese (lo dejo para Sadei), pero hay en el ambiente un gesto colectivo inequívoco de decadencia.





