
Tras los discursos oficiales de los alcaldes español y aquitano, mi amiga y hermana Mari Carmen fue nombrada 'Citoyenne d'honneur' del municipio girondino (máximo galardón que puede recibir en este país un no nacido en la República francesa).
Por cortesía de mis compañeros de comité, pude pagar una deuda de cariño con el siguiente artículo que (penosamente por la emoción) pudo ser leído en las dos lenguas como discurso oficial del comité español de hermanamiento:
Hace ya casi 5 años me dieron como destino Cabrales, a 40 kilómetros de mi casa. No conocía a casi nadie. Cuando llevaba varios meses trabajando en el colegio de Arenas, recibí una invitación de los compañeros de francés y religión, Kiko y Mari Carmen, para venir a Sadirac: casi no sabía lo que era un hermanamiento y sólo había estado cerca -de pasada- en Burdeos. Y así empecé a participar cada abril en vuestra fiesta.
En todos estos años, conocí vuestras gentes, me ayudasteis a disfrutar el país amigo, el país de la lengua que tanto esfuerzo me costó aprender y también, curiosamente, a muchos de los profesores y alumnos con quienes compartía mis días. A partir del trabajo, para algunos duro o aburrido, llegué a una relación que traspasó fronteras, años, gentes, veranos e inviernos, grandes nevadas y días de sol. Hubo enormes alegrías y sufrimos golpes de la vida. Hoy estamos aquí mañana serán otros.
En unos meses, todo esto será historia, me han adjudicado otro destino lejos. Vendrán otros profesores, seguro que mejores, puede que más profesionales, no lo dudo. Pero nadie podrá borrar unos años, unas gentes entrañables que se fueron, unos recuerdos maravillosos, en un pequeño lugar francés que en mi interior, como dice mi héroe preferido Asterix, «resiste ahora y siempre al invasor», esa vida a veces maldita que nos invade.
Los dos mejores amigos que tuve en Cabrales (Kiko y Mari Carmen Prieto) están enterrados. Pero no se fueron, los llevo dentro: su simpatía, su capacidad de movilizar a los jóvenes, de trabajar por los demás sin esperar recompensa. He aprendido mucho de ellos, de su familia, sus amigos (muchos estáis aquí delante). Hoy tengo la gran suerte de poder despedirme de ellos y de vosotros diciendo públicamente y en los dos idiomas que medio sé hablar lo único que me pide el cuerpo: gracias cabraliegos merci Sadirac !!
Y vosotros, sadiraqueses: me abristeis vuestras puertas, me disteis de comer y beber (buen vino, que entre amigos sabe mejor), abristeis incluso vuestro corazón en forma de sonrisas y amabilidad. No trabajo ni vivo en Cabrales, quizás en próximos años no pueda visitar Sadirac: pero un día volveré. Volveré a mirar esta iglesia, este centro, vuestros hermosos viñedos y diré en silencio . Gracias. Y agradecido me acordaré de los que ya no estén.
Pelayo Martínez es profesor en el colegio de Cabrales





