Paseos a caballo, teatro, talleres de cerámica, telares y un largo etcétera. El centro se viste estos días de magia y una mezcla de trabajo, 'folixa' y, sobre todo, buena comida con sabor de antaño y trucos de hoy. En el puesto de María José Fernández Ordiales se arremolina la gente engatusada por el olor de las cuatro cocinas de leña de las que ayer no dejaban de salir tortos de maíz con picadillo. «La gente se acerca a preguntar la receta. Nuestro truco es, por cada kilo de harina de maíz, 100 gramos de blanca para que se hinchen, sal y mezclarlo todo con agua caliente», explica.
Algo más allá, las 'filanderas' del Taller Xirga arman bullicio entorno al telar. «El filandón era el lugar donde se cocía todo porque era donde se reunían las mujeres», explica María Sánchez. Y donde los hombres iban a rondar. «Alguno hay que aún se pasa por aquí», añade desatando la risas de las demás. Ellas recrean todo el proceso artesanal «desde esquilar a las ovejas hasta hilar en el telar las camisas, calcetines o mantones», comenta.
Mientras algunos de los turistas se lanzaban ayer a darse paseos a caballo, Raúl Fernández y su familia organizaban la obra de teatro 'El volatinero y la volatinera'. Una pieza sobre los antiguos malabaristas asturianos que se representará, hoy y mañana, con algunos efectos de luz y de sonido muy actuales. «No es sólo para niños; al final son los mayores los que captan mejor las bromas» explica.
En los más de 50 puestos que forman este mercau se dan cita profesiones emblemáticas que han ido configurando, hasta la actualidad, la historia asturiana. Desde la forja de las navajas de Taramundi, aunque con maderas tropicales muy novedosas, a reproducciones en miniatura de símbolos del paisaje 'astur' para llevase bajo el brazo, como el puente de Cangas de Onís que ayer pulía el pincel de Javier Sierra. Una cita para no perderse. O por la que perderse.





