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Cuencas

LA LUCIÉRNAGA
Primer amor
04.05.08 -

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Durante la primera adolescencia -nunca se puede decir que no te bañarás dos veces en ese mismo río-, junto con el acné y las espinillas y rosas del amor, tuve cuatro amigos muy particulares. Guillermo, Pelirrojo, Enrique y Douglas. Acaso el nombre del último ya sea orientativo para comprender que no vivían en mi barrio. En efecto, su filiación era inglesa. Y a pesar de que ni yo dominaba la lengua de Shakespeare, ni tampoco ellos fueran buenos estudiantes de idiomas, ni de ninguna otra materia de curso obligatorio, conocí sus peripecias y a sus familias con un lujo de detalles que para sí hubiera querido Sherlock Holmes.

Desde luego, adquirí una intimidad con Ethel y Roberto, por ejemplo, hermanos mayores de Guillermo, que nunca logré mantener al lado de aquellos otros que pertenecían al linaje de los chiquillos de mi calle. Y no es que guardara preferencias por Roberto y Ethel, más bien almidonados y siempre a cuestas con el calvario de su indómito hermano menor. Pero, ya digo, establecí incluso un grado de confianza.

Lo recuerdo ahora que el Ayuntamiento de Langreo pondrá colofón a las jornadas dedicadas al Día Internacional del Libro, prolongando del 2 al 16 de mayo en la Casa de la Cultura de Sama, la exposición 'El País de Graeslinjú', un territorio en el que conviven los grandes autores de la literatura infantil y juvenil.

Por ahí deberían estar Guillermo y sus travesuras, el día que se hizo pirata o aquella tarde en la que decidió ser un proscrito, el olor de las tartas de grosella que merendaba o las vicisitudes que atravesó en la fiesta del cerdo premiado. Por ahí habría de comparecer, claro está, Richmal Crompton, la exquisita y rebelde autora (pese a que ya era viejecita) que inventó aquella pandilla de muchachos con la que compartí tantas huidas y encuentros.

Hay un tópico que acaba de ser desmentido por una encuesta de lectura entre la población española. No es cierto que cada vez se lea menos. Y de manera singular, los jóvenes son los que dedican más tiempo y ganas a demorarse en las páginas, superando el sesenta por ciento del conjunto juvenil.

Sospecho que el tópico se alimenta desde las edades adultas porque muchos de nosotros hemos olvidado las amistades de la adolescencia. Y el placer. Y la inocencia, fuente del primer amor y de la pasión lectora.

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