nacho gutiérrez avilés
Fue el último presidente del club antes de convertirse en sociedad anónima deportiva. Y el que tiene la corona deportiva con el histórico ascenso a Segunda División. En las bodas de plata del Real Avilés Industrial repasa con LA VOZ el pasado y lo actual.
–Muchos le consideran el mejor presidente del Avilés.
–Yo no lo creo, ni lo creí a pesar del ascenso. Lo que sí tuve fue la mejor directiva, en la que había personas con ganas de trabajar y con experiencia en el fútbol.
–Lo curioso es que usted no escogió a esa directiva, fueron ellos los que le pidieron ser presidente.
–Vinieron a buscarme, con Rufo Quintana como ‘cabecilla’ del grupo. Me conocía porque siempre he sido aficionado al fútbol y socio del Real Avilés, y lo sigo siendo del Industrial, desde 1952. Rufo Quintana me animó a presentarme y como tuve una experiencia de directivo, decidí dar el paso.
–Y al primer año, el milagro, el Avilés sube a Segunda División.
–Lo que son las cosas, el objetivo que nos marcamos al coger el club era no bajar. El club tenía deudas muy cuantiosas, estaba por confirmar lo del Plan de Saneamiento y no había una peseta, recuerdo que para pagar el primer mes ya hubo que pedir un crédito.
–La plantilla de la campaña anterior, que usted completó al ganar las elecciones, era buena.
–Pero demasiado cara y la mayoría de jugadores quería marcharse, los que cumplían contrato y los demás. Al final se fueron cinco futbolistas que entre todos cobraban 17 millones de pesetas, pero otros decidieron seguir y la cantera nos aportó jugadores que ayudaron mucho. No hace falta que recuerde sus nombres.
–¿Qué tecla tocaron entonces para conseguir el ascenso?
–La clave siempre es tener suerte. Sólo pudimos fichar a dos jugadores que venían del Oviedo, Lito y Chusi, pero el equipo empezó a ganar partidos y ascendimos. No se podía ni creer porque la plantilla costó 14 millones menos que la anterior.
–La primera decisión importante provocó división de opiniones: Raúl no renovaba.
–Era el entrenador que yo quería por encima de la opinión de una buena parte de la directiva. Pero la oferta económica fue inferior a lo que había cobrado los dos años anteriores y decidió que no aceptaba. Me pareció bien porque era su decisión, pero el Avilés no se iba a mover de esa cantidad, 2 millones de pesetas netos. Recuerdo que recibimos las primeras críticas de la prensa, que entendía la no renovación de Raúl como nuestro primer error.
–¿Qué opciones surgen a partir de la negativa de Raúl?
–Ofrecimientos hubo muchos, pero el que iba a venir era Ciriaco Cano, que ya estaba en cuenta de ello. Aceptaba el fijo pero nos pidió una cantidad extra para gastos de desplazamientos. No pudimos asumirlo y la negociación se quedó parada.
–Y aparece Vicente González.
–Estaba en el Oviedo B y le pareció bien ir a entrenar al Avilés por la cifra aludida. Fue todo un acierto, como técnico y lo que yo más valoro, como persona.
–Dos millones era muy poco dinero, menos que algún jugador.
–Era lo que se podía pagar en las condiciones en las que estaba el Avilés. Con el ascenso tuvo como premio un millón más, que todavía era menos de lo que cobraba el anterior entrenador de fijo.
–¿Cómo vivió Pepe Frana un ascenso tan inesperado?
–No lo creía. Estuve cuarenta años detrás del Real Avilés y nunca lo pude ver subir, y lo iba a conseguir conmigo de presidente. Por la calle alguno me paraba y decía ¿pero tú sabes lo que has conseguido? La gente estaba muy ilusionada con el ascenso y tengo un montón de recuerdos.
–Y con el ascenso, a Llaranes con la promesa de volver a Avilés. Una decisión muy polémica.
–La fusión dejó por el camino a muchos y la marcha al Muro de Zaro hizo que otros cuantos más renunciasen a ver al equipo. Me sentí engañado por el Ayuntamiento y si lo llego a saber desde luego que no hubiese movido al Avilés del Suárez Puerta.
–Le llovieron críticas por aquello.
–Bastantes, pero la mayoría de los reproches iban mal dirigidos. Yo nunca he tragado con nadie, ni en la vida ni en el fútbol. El ascenso nos obligaba a tener el campo con vallas e iluminación artificial, y se decidió el traslado provisional a Llaranes antes de reformar el Suárez Puerta. Pero la decisión no la tomaron sólo los socialistas, fue toda la Corporación en pleno.
–¿Aceptó por ser militante?
–La gente está confundida y habla de más. Fíjate si tengo que estar agradecido al Ayuntamiento que en los tres años que estuve de presidente no le dio una peseta al Avilés, ni una gestión para buscar los recursos económicos que necesitábamos. La desgracia del fútbol aquí ha sido no tener un alcalde ‘futbolero’ que tirase de esto.
–Ni el Ayuntamiento, ni el Principado, aún en categoría profesional.
–¡Cuántas veces habré picado en la puerta del Principado! Entonces al Sporting y al Oviedo se les daba un dinero por lo de ‘Asturias Paraíso Natural’. Del Avilés ni se hablaba, sencillamente no existía y eso que jugamos dos años en Segunda División.
–Hablando del Sporting, mantuvo unas relaciones excelentes.
–En eso tuve mucha suerte, a diferencia de José Manuel Díaz. A él le tocó. A él le tocó un presidente, Ramón Muñoz, que por ejemplo pidió al club dos mil entradas de sentado para el Sporting por venir al Trofeo San Agustín. Yo, en cambio, coincidí con Plácido Rodríguez. Una de las primeras cosas que hizo fue venir a ver al presidente del Avilés.
–¿Con qué motivo?
–Quería que los dos clubes tuvieran relaciones. Nos cedió gratis a Monchu, Torres y Ovidio, cosa que no hizo el Oviedo, y tuvo dos grandes detalles: el Avilés fue invitado a jugar el Trofeo Costa Verde con los dos Sporting, el de Lisboa y el de Gijón. Y vino aquí con el primer equipo, propiciando una taquilla de tres millones, eso en un partido amistoso.
–Las cesiones fueron la clave de la permanencia.
–Desde luego, el equipo se iba abajo de forma irremediable, ya teníamos una ‘pila’ de negativos, que entonces todavía existían. Desde su llegada el Avilés empezó a no perder y a ganar, a subir posiciones hasta acabar novenos en Segunda División.
–Frana también supo aguantar con Vicente pese a las presiones.
–Me pidieron que lo cesara y a la directiva le dije que antes de eso yo dimitía y que lo echasen ellos.
–El Avilés fue ese año el equipo 29 del fútbol profesional. Duró poco.
–El planteamiento era el mismo, había muy pocos recursos pero la suerte no nos acompañó a la hora de los fichajes. Teníamos uno del que nadie supo y que hubiera sido fundamental. Jiménez dejaba el Sporting, no quería salir de Asturias e hicimos un esfuerzo económico. Estaba de acuerdo pero el Burgos le ofreció el triple.
–¿Un único jugador pudo ser tan importante para el Avilés?
–Estoy seguro de que no hubiéramos bajado si él está con nosotros. Era un trabajador y no un ‘figurina’. Nuestro gran problema ese año fue en defensa y Jiménez era buenísimo. Ahí está que aguantó al Burgos dos años en Primera.
–Lo lamentable es que nadie, ni las instituciones, ni los empresarios de aquí, movieran un dedo por ayudar al Avilés a seguir en Segunda.
–El primer año lo salvamos por el Sporting. Ciriaco nos ayudó al avisarnos que Torres iba a ser cedido y al día siguiente de quedar eliminados con el Ávila en la Copa vinieron los dos para firmar con nosotros. Después llegaría Monchu y una operación de apoyo que se puso en marcha quedó parada.
–¿Qué operación?
–Un día se reunieron unos empresarios y el representante del Ayuntamiento para poner un millón de pesetas cada uno para que el Avilés pudiese hacer algún fichaje viendo que el equipo no ganaba. Gracias al Sporting lo ahorraron.
–Pudieron ponerlo el segundo año.
–Dinero no pero consejos me dieron muchos. En el Ayuntamiento me decían que me endeudara aunque fuera en veinte millones, que daba igual. Nadie quiso poner una peseta, salvo Manuel Lloriana, que le dio al club en su primer año en Segunda un millón de pesetas.
–Pero la inminente llegada de las sociedades anónimas deportivas...
–Ahí sí que intervino el Ayuntamiento para animar a los empresarios a invertir en el Avilés. Uno de ellos, ya fallecido por lo que no revelo su identidad, quería comprar todas las acciones.
–¿Esperaba el ofrecimiento de seguir ejerciendo de presidente?
–Yo no podía seguir porque tenía otra ocupación, y además, la directiva que yo tuve no la podían superar, en asuntos de fútbol, todos los millonarios juntos. Si me lo hubiesen pedido no habría podido aceptar por esos dos motivos.
–¿Era necesaria las sociedades anónimas?
–El equipo lo tenía muy difícil a nivel deportivo, pero las cuentas estaban claras para entrar, como así sucedió, en el Plan de Saneamiento. Y en ese estado la conversión era necesaria, y además nos pudo dar la permanencia porque el Sestao, el Rayo Vallecano y el Atlético de Madrid, estaban a punto de caer. Al final se salvaron aunque años después se demostró que lo del Atlético fue un fraude, sin él el Avilés habría estado un año más en Segunda.