
-Ya estamos trabajando para llevarla el año que viene al campus. De hecho, estamos planificando la adecuación de los terrenos. Este año se hará en Poniente, pero el que viene estará en el entorno del campus.
-¿Ya se lo ha dicho a Gotor?
-Aún no ha habido lugar, pero, desde luego, la zona en la que estamos trabajando es estupenda, con buen acceso y con afección a a vecinos mínima.
-Pero este año para los de Poniente va a ser máxima.
-Contamos con la ventaja del arenal, que desahogará mucho, y de que al ser una zona abierta, los ruidos no se concentran.
-Otros vecinos con polémica urbanística son los propietarios de Magnus Blikstad. Al menos, ¿en ese tramo pueden decir aquello de 'la calle es mía'?
-La calle es de Gijón y de los gijoneses. Evidentemente, esos ciudadanos tienen unos derechos, pero lo que no es admisible que alguien se atreva a cortar la calle.
-¿Cómo se va a solucionar?
-Nos toca arreglar un entuerto de hace 60 años y tendrá que ser, obviamente, con dinero. El Ayuntamiento de Gijón ya ha hecho su propuesta, medio millón de euros, que la propiedad ha rechazado. Así que, iremos a la expropiación forzosa.
-¿Cuándo?
-Estamos ya tramitándola, de forma que será inminente. Se trata de una zona de interés público evidente que, además, no fue contestado en ningún plan general. Por tanto, si no hay acuerdo económico, será el jurado de expropiación el que decida su precio.
-Estamos acabando ya. La ciudad tiene pendiente la obra del nuevo Palacio de Justicia, que coincidirá con la de la estación provisional.
-Se desarrollarán en paralelo. De hecho, las vallas casi se tocarán, ya que la zona donde se construirá la estación provisional es colindante con la del nuevo Palacio de Justicia.
-Si surge alguna contingencia, supongo que no tendrá ningún problema en hablarlo con la consejera de Presidencia, Justicia e Igualdad (es su esposa)...
-(Risas) No, no tenemos ningún problema. Ya está todo hablado.





