La idea de McCain fue adoptada rápidamente por Clinton, que no tiene reparos en copiar todo lo que funciona a sus rivales. Para irritación de los votantes, Barack Obama la ha tirado por tierra. «¿Es una irresponsabilidad!», bramó. Según él, con esa medida se hipotecaría el futuro del país, ya que esos impuestos van destinados a la construcción de carreteras y puentes. Sólo en Indiana estima que se perderían este verano 6.000 puestos de trabajo.
Hillary Clinton tiene una idea mejor: compensar esa pérdida con una tasa adicional sobre los beneficios que obtienen las compañías petroleras. «¿Qué sean ellos los que paguen!», ha dicho.
Y con el barril de petróleo batiendo récords todas las semanas, la idea de recortarle beneficios a las petroleras suscita sonrisas entre demócratas y republicanos. Economistas y políticos dan la razón a Obama, pero también admiten que su postura puede ser muy honesta pero poco popular.





