
La tradición oral fue el único canal de transmisión de la cultura a lo largo de la historia del Bajo Eo. Fue una forma de vida no escrita, que pasó de generación en generación. Como los oficios. No existieron manuales para formar a ferreiros, cesteiros o zoqueiros. Sólo mediante la palabra los padres transmitían a sus hijos o aprendices los secretos de oficios tan importantes para la vida de los pueblos.
Eso fue lo que le ocurrió a Antonio Bello, de San Tirso de Abres. Es el último zoqueiro -elaborador de madreñas- del Bajo Eo. Ayer, durante el encuentro, enseñó al millar de visitantes que acudieron a la muestra su «duro oficio». Especialmente a los más pequeños, ya que muchos de ellos no habían visto, hasta ayer, una madreña. «Este oficio es complicado. Es el de los burros», bromeaba mientras daba forma a un trozo de madera.
Herencia de los padres
A su lado se encontraba Manuel López, también de San Tirso. Durante toda su vida fue zapateiro, «como lo fue mi padre». Con un pequeño martillo clavaba el cuero de los zapatos a la suela. «Hoy casi no queda nadie que haga esto. Hoy es todo industrial, pero antes, nuestro trabajo era fundamental para los pueblos», recordaba.
Muy cerca se encontraba un grupo de mujeres hilando lana para «calcetar». Concha López era una de ellas. Recuerda como hace años esta labor la hacían todas las mujeres en sus casas, ya que los calcetines jerseys y otras prendas siempre se tejían en casa. «Incluso hoy en día seguimos haciéndolo», decía orgullosa.
Estos supervivientes de la historia recuperaron ayer su papel. Como los cesteiros, tratantes, torneiros, moliñeiros o retratistas, entre otros, que participaron en el encuentro.
Al igual que costumbres casi olvidadas, como la elaboración de jabón, hacer la colada en el río o, incluso, la venta de estraperlo. La jornada tuvo como colofón exhibición de juegos tradicionales y el relato de cuentos, leyendas, refranes, chistes o adivinanzas.
La actividad forma parte del Plan de Recuperación da Cultura Tradicional que impulsa la asociación San Tirso del Eo. «Es necesario recuperar estas costumbres para saber de dónde venimos para conocer a dónde vamos», dijo su presidente, Ángel González.





