
PLAN DE TRANSPORTE
Las calles de Cangas de Onís, Llanes o Ribadesella estaban atestadas de paseantes que a falta de sol buenas fueron las distintas actividades, elementos culturales, patrimoniales o, simplemente, entornos naturales. Y es que los que llegan a Asturias, sobre todo a esta zona, lo hacen para alejarse de las grandes urbes y encontrar, en algún lugar de este rincón de la región, un poco de paz y tranquilidad.
Ayer el día quizás no estuvo para playas, pero sí para visitar los Lagos de Covadonga o el Museo Jurásico, pasear por las calles de Llanes o por el paseo marítimo de Ribadesella. La gente se repartió por la comarca en el último día de estas mini vacaciones y eso impidió que se generaran atascos o aglomeraciones en puntos concretos. Mañana, muchos harán las maletas y recogerán los recuerdos antes del regreso a la rutina de sus lugares de origen.
Así como el pasado viernes se podía decir aquello de «expectativas cumplidas», ayer el bajón de turistas al Parque Nacional de Covadonga no se esperaba ni por lo más remoto. Hubo, si acaso, poco menos que el primer día del puente. Pero en aquel caso había justificación ya que los visitantes estaban de camino. Ayer estaban aquí y se esperaba que se movieran por la zona. El toldo gris que cubría el cielo quizás alejó de los Lagos a los turistas. Hacia las doce de la mañana habían subido al parque sólo 10 autobuses. Una hora antes, la víspera, lo habían hecho una veintena, todos ellos repletos de turistas, «miles», aseguran desde la empresa encargada del plan de transporte que, por primera vez, se ponía en marcha en un puente festivo.
Tampoco subieron en autobús, aunque también está ahí implantado el plan de transporte, los que se decidieron a visitar otra parte del parque nacional: la de Cabrales. Poncebos estaba lleno de gente, pero habían subido en su coche. El último vehículo estaba aparcado, hacia las doce de la mañana, cerca de las inmediaciones de Ovar. Sin embargo, el tráfico nunca llegó a cortarse para los turistas. La gente, una vez en Poncebos, se repartió en sus rutas. Unos optaron por la del Cares y otros, la mayoría, se acercaron en funicular a conocer el pueblo de Bulnes.
Museos
Así como el viernes había calas atestadas de veraneantes enfundados en sus bañadores, ayer sólo se atrevieron los más osados y la mayoría se conformaba con caminar por su orilla, disfrutando del olor a salitre de una brisa que no permitía demasiado enseñar los tirantes.
Así que hubo tiempo para los museos. El Museo del Jurásico de Colunga y el resto de equipamientos culturales de la comarca recibieron numerosas visitas y el turismo activo sumó gran número de adeptos. Los descensos en canoa, las rutas a caballo o las de quad se convirtieron ayer en una buena forma de conocer la comarca un poco más de cerca. Dejando a un lado el asfalto de las calles y probando la naturaleza de un modo más directo.





