
EL CAPÍTULO
Desde ayer su currículum incluye el cargo de cofrade de honor de la Cofradía de los Quesos del Principado de Asturias. El peculiar grupo dio ayer una muestra de la fuerza ganada en sus 24 años de historia. En su primera participación en la feria de La Ascensión, logró atraer hasta el recinto de la losa de Renfe a 19 cofradías de España y Portugal. Allí estaban representadas los amigos de las anchoas de Cantabria, la morcilla de Burgos y el queso manchego, o la queimada de San Sebastián. Todos luciendo capas y sombreros variopintos.
«Hay que perder un poco el miedo al ridículo por una buena causa», disculpa Maribona, quien entiende que «este tipo de labores defienden toda una industria tradicional». El ritual de ayer, día del Gran Capítulo, se componía de una recepción a los visitantes en la Catedral del Vino, premios y un desfile cívico por la ciudad.
Abogados, periodistas y médicos participan del colectivo de estómagos con una debilidad común. «Sólo somos un grupo de amigos que una vez al mes se reúne en torno a un queso», explica Dionisio Cifuentes, cofrade mayor y fundador de un grupo, el asturiano, que fue el primero en importar esta tradición de tintes franceses. Pero hay quien mira al queso y echa aun más memoria: «Fue el primer alimento en conserva, que además se podía transportar a cualquier sitio, asegurando la subsistencia de la tribu», recordaba el periodista Carlos María de Luis. En su pregón, subrayó el detalle de que «en cuevas como la de Candamo, aparecen animales que dan carne, pero también leche».





