
Calvo-Sotelo estaba muy relacionado con el Occidente. Siempre que podía venía a Ribadeo, su lugar preferido para descansar. Su amor por la villa lucense sirvió para que el Rey le concediese el título de marqués de la ría de Ribadeo -nombre oficial del título- y que el Ayuntamiento de esta localidad le nombrara alcalde honorario. Aquí, sobre el estuario que tanto amaba y por el que solía navegar para practicar una de sus grandes aficiones, la pesca, descansará para siempre.
Aunque su amor era Ribadeo, Asturias era su gran amiga. Y en esta tierra dejó un importante legado de amistad. Como, por ejemplo, el ex alcalde de Navia, Manuel Bedia. El histórico regidor naviego recibió la noticia del fallecimiento de Calvo-Sotelo por EL COMERCIO. Le recuerda como un hombre «muy pulcro, con una enorme capacidad intelectual y que se hacía querer».
Lejos de la imagen de un hombre distante, el ex presidente del Gobierno «era una persona muy cercana», dice Bedia. La última vez que coincidió con él fue el pasado verano durante una comida organizada por el presidente de Industrias Lácteas Asturias (Ilas-Reny Picot), Francisco Rodríguez.
Precisamente en esa «reunión de amigos» también coincidió con Leopoldo Calvo-Sotelo el pintor Manolo Linares. «Era un enamorado de Asturias. Siempre que estaba en Ribadeo solía cruzar la ría para darse una vuelta por el Occidente, para comer en Casa Consuelo o para pasear por Luarca», explica.
Otra de las personas que le recuerdan como un hombre «entrañable» es Manolo Peña, alcalde de Tapia de Casariego en la época en la que Calvo-Sotelo fue presidente. Aunque en lo político no compartían posiciones, «ya que yo apoyé a Suárez» en la escisión de UCD, «mis contactos con él eran en lo personal, por la afición a la pesca que compartíamos». Peña lamenta su fallecimiento y se solidariza con la familia del ex presidente, «con la que tengo una enorme amistad».
Pero sin duda, el municipio del Occidente con el que más relación tenía Leopoldo Calvo-Sotelo era con Castropol. En él, se casó uno de sus hijos, Juan, que, además, entre 1999 y 2003 fue alcalde de este concejo. Actualmente, su sobrino José Ignacio Cabrera es director general de Pesca del Principado.
Cuando accedió al cargo, Juan Calvo-Sotelo dedicó unas palabras de agradecimiento a su padre «por su labor histórica dedicada a España». Su hijo siempre recordaba cómo había vivido en primera persona el 23-F. Ese día se encontraba en la tribuna de invitados del Congreso para seguir la investidura de su padre como presidente del Gobierno. «Yo estaba allí cuando Tejero asustó a todo el país», recordaba en una entrevista realizada al acceder al cargo de alcalde de Castropol.
El actual regidor del concejo, José Ángel Pérez, aprovechó ayer para dar las condolencias a la familia Calvo-Sotelo.
En Taramundi también se recuerda al ex presidente con afecto. «Estaba enamorado de este concejo. Solía venir mucho a comprar cuchillos», recuerda su alcalde, Eduardo Lastra, quien recuerda recuerda a Calvo-Sotelo como «una persona muy humana y cercana».
En Ribadeo, la villa que le cautivó, su muerte ha sido sentida muy especialmente. Las banderas ondean a media asta y la junta de portavoces municipales decretó tres días de luto en su memoria. El lunes, a las nueve de la mañana, quedará instalada en la Casa Consistorial la capilla ardiente. Por la tarde, sus restos serán trasladados al panteón familiar de Ribadeo.





