Muchas veces evacuamos, nunca mejor traído, sentencias que son perogrulladas pero que repetidas parecen verdades indiscutibles. Llevar agua del Ebro a Barcelona no es trasvase, si va a Murcia, sí. No estamos en crisis; se desacelera la economía. No suben las hipotecas; se ajustan. El Centro de Día de la Pola, no está en un parque, sino en zona dotacional. Sobre el Nora no van a hacer, como dice mi amigo Sidi, una llabanona, con tres mil viviendas, ¿y todos callan!, sólo mejoran la intercomunicación. No hay barro y polvo en las calles, son apreciaciones interesadas. Lo dicho, ¿fataes! . ¿o seremos nosotros los fatos?.
Sobre dietas y viajes de concejales: Pecata minuta dicen los gastizos; en otros sitios más, dicen los hipócritas que ponen la mano, pero disimulan, como si la cosa no fuera con ellos; ¿escándalo! anatemizan, los censores. A mí, todo esto, no me parecen, fataes.
Hay gastos discutibles, pero el viaje a Madrid en autobusín (como a comidona de empresa), de medio Ayuntamiento, de casi todos los partidos, para enterarse que concentrando instalaciones deportivas se ahorra, puede llegar a Guiness a la mayor fatá.
Concejales que quieren llevar el Ayuntamiento a cachos, o enteru, a La Fresneda, a Lugones, necesitan ir a la capital del Reino para, esto es, asar la manteca. Tras el viaje a La Meca del deporte, los defensores de lo público pararon en aduladores de lo privado, pero concentrar, sólo la gimnasia, la sillina, no.
¿El garbeo lo pagó un particular? ¿qué buenos son los padres Escolapios, qué buenos son, que nos llevan de excursión!. ¿Alborozados munícipes por los machadianos campos! Para reírse, mas como quien invita paga y luego cobra, y si cobra en urbanística parte, gana mucho y pierde la ley y perdemos todos. ¿Pá llorar!
Militantes de los partidos excursionistas teniendo que defender la vacación: por internet igual no valía; tienen que ir todos, porque no se fían, ¿ruedes de molín!, dá pena. ¿Dios castiga sin palu nin piedra!
Nadie dijo cuánto costó el viaje, quién invitó, pero, volvieron como San Pablo camino de Damasco, apeados del caballo: pidiendo concentrar instalaciones y alabando la privatización. ¿Fataes! A las mujeres que son madres, ¿felicidaés pol santu! ¿Tampoco ye ninguna fatá!.





