La segunda operación de salvamento se produjo en 2001, con la compra de las instalaciones de Mareo y las marcas del club para pagar las deudas con Hacienda. La desaparición del Sporting hubiera sido inevitable sin la aportación de dinero municipal; dinero de todos los contribuyentes de Gijón, incluidos los oviedistas, que los hay.
En realidad, el Sporting, además de un sentimiento entrañable para decenas de miles de personas, es ahora mismo un equipo de fútbol sin patrimonio tangible alguno y endeudado hasta las cejas, que ha sobrevivido gracias al Ayuntamiento. En este sentido, poner como ejemplo el caso de Oviedo y del Oviedo ofende a la inteligencia. El Ayuntamiento jamás le ha fallado al Sporting. Tampoco le fallará ahora. Seguro.





