El rapsoda Monchu el Liras acaba de incorporar a su repertorio la obra titulada 'La isla de Jauja', de la que se reproduce un breve fragmento:
«Yo vi allí que las tortugas / corrían más que los gamos, / los caracoles volaban / y se arrastraban los pájaros. / Me admiré de que tuviesen / por ministros a los gansos, / y que fuesen los besugos / eminentes literatos; / percebes los dramaturgos, / los actores papagayos... / ¿Y eran los que cosechaban / los más ruidosos aplausos!».
Como el advertido lector podrá apreciar en la estrofa, se trata de una obra en que se entremezclan realidad y ficción, siendo esta última tan perceptible en los cuatro primeros versos como la primera lo es en el resto.
«Hay que ver la suerte que tuvieron los que nacieron antes que el hombre, o, en cualquier caso, los que la palmaron antes de que los humanos se hicieran amos del planeta».
(Fredo Kierkagar, existencialista).
La versatilidad de Gabino de Lorenzo se transmite incluso a su nombre de pila. Aunque también podría suceder que su condición de persona ocurrente afectara a sus amigos y enemigos políticos. En cualquier caso, ahí les van unas cuantas tergiversaciones idiosincrásicas del nombre:
Por su afición a los caballos, recibe él el nombre de 'Equino de Lorenzo'.
Cuando se instala frente a ese muro de las lamentaciones, también denominado «cerco a Oviedo», lo llaman «Rabino de Lorenzo».
En ocasión de hacer campaña en Gijón, y ante su vana pretensión de ser más playu que uno de Cimavilla, hubo quienes le aplicaron el diminutivo del mismísimo Jovellanos para denominarlo 'Jovino de Lorenzo'.
Por cierto que el refranero asturiano se amplió con este dicho de nuevo cuño:
«Al pan, pan; al vino, vino, y a la capital, Gabino».
-«El día menos pensau, marcho a vivir al campu- dijo el confucionista playu Ya-Lo-Tsé.
-¿Qué es lo que más le gusta de la vida rural, maestro?
-¿Qué va a ser, pequeñu salmonete! ¿El pitu de caleya!».





