
Ayer el colofón de la cita estuvo protagonizado precisamente por los caballos, animales que centran las actividades de la Feria de Abril. Fue el gran desfile final hasta el campo de La Cueva, donde se procedió a la bendición de los animales y al oficio de una misa rociera. Hasta aquí el guión de la cita era igual que el de las pasadas ediciones. Sin embargo, en esta ocasión, había una diferencia muy importante: La ceremonia se desarrolló de nuevo en el interior del santuario, bajo la bóveda de roca que lo cubre y que había sido la responsable en estos últimos años, de su clausura.
El sabor andaluz de la fiesta cobró ayer aún mayor presencia. El tiempo no fue tan bueno como el de jornadas precedentes, pero la ausencia de sol no fue un impedimento, sobre todo teniendo en cuenta que la lluvia no estuvo presente, pese al cielo gris y la niebla que se arrastraba desde el cielo rozando las cumbres de las montañas piloñesas.
En este ambiente, un tanto ajeno a la celebración andaluza, los caballos, los vestidos de flamenca, mantillas, carruajes y peinetas, sí tuvieron su lugar en las calles de Infiesto. Cientos de caballos y varias carretas volvían a contribuir al éxito del día grande de la feria de Piloña. Y nadie dudaba de ese éxito refrendado de manera rotunda por los miles de personas que se agolpaban en los márgenes de la calle Covadonga de Infiesto y de la avenida de La Cueva.
Sonaban los cascabeles y los cascos de los caballos repiqueteaban sobre el asfalto, mientras marcaban un majestuoso paso, que casi parecía un baile. Pequeños, jóvenes y mayores se maravillaban con el desfile y trataban de hacerse un hueco para no perderse detalle. Los responsables del actual equipo de gobierno piloñés también participaron en las actividades y estuvieron presentes en la ceremonia religiosa así como en la bendición de los caballos.
Los caballos de gran alzada contrastaban con pequeños ponis, también presentes en el desfile. El camino entre la zona de Peleón, situada a las afueras de Infiesto y el campo de La Cueva, se cubrió de forma lenta. No había lugar para las prisas, todos querían disfrutar del espectáculo que sólo una vez al año se puede contemplar en Infiesto.
Ya en La Cueva, miles de personas y cientos de caballos se repartían por el prado y el área recreativa. Muchos, los más previsores, no habían olvidado traerse una buena comida campestre para degustar en la zona. Eso sí, tuvieron que madrugar más que el resto, puesto que las mesas de madera de esta área recreativa estaban muy demandadas.
A rebosar
Si la pradería estaba abarrotada, lo mismo se puede decir del santuario. Cientos de personas se agolpaban en las bancadas y sillas dispuestas para la ocasión. Otras muchas lo hacían de pie tanto ante el altar como en los balcones elevados. El puente de acceso al templo también se encontraba rebosante de público. Nadie quería perderse ni un detalle de esta ceremonia rociera que finalmente volvía a celebrarse al abrigo de la roca santa.
Justo antes del comienzo de la ceremonia, el párroco y los responsables del gobierno municipal, con el alcalde, Camilo Montes, el teniente de alcalde, José Ángel García y el concejal de festejos, Andrés Rojo, se desplazaron hasta el prado donde descansaban los caballos, para cumplir con otra de las tradiciones de la feria: la bendición de los animales. Tras una breve oración, la comitiva recorrió el campo salpicando con agua bendita a los caballos, para dar paso a la misa rociera.
La villa de Infiesto volvió a estar rebosante de público, aunque las casetas echaron el cierre al filo de las seis de la tarde, la mañana fue realmente provechosa, con un ambiente extraordinario. Se completó así una nueva cita que estuvo protagonizada por cierta polémica, con la vuelta de los espectáculos taurinos a la localidad. Pese a la manifestación convocada para el sábado, el ambiente festivo no se vio interrumpido y el comportamiento de todos fue muy bueno. De igual forma, la movida nocturna que durante todos estos días inundó el recinto ferial, no fue ensombrecida por ningún incidente de importancia.






