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Oviedo

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La carne en tiempo de crisis
La Ascensión levanta el campamento con una feria de ganado que reúne unas 3.000 reses y refleja cómo las turbulencias de los mercados financieros llegan al campo

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La carne en tiempo de crisis
CELEBRACIÓN. El encuentro entre animales, negocio y campo alegró la jornada a ganaderos y visitantes a la feria de Llanera. / MARIO ROJAS
Los ganaderos de Roma y Grecia bailaban, oraban y bendecían a unas estatuas de mármol: en ellas veían a los dioses del campo y el clima. En 2008, la religión pasa horas bajas, y los obreros del prao a lo que miran es a las páginas de economía, esas que anuncian el advenimiento de una crisis. Hasta el alcalde de Oviedo, Gabino de Lorenzo, se apunta a la tendencia. Lo hizo ayer en la feria de ganado que cierra La Ascensión. Entre mugidos y relinchos, el primer edil departió sobre «esa crisis alimentaria que pone los precios por las nubes, pero no acaba de beneficiar al productor como debería».

Mientras el político ofrecía su análisis económico, la mayoría de los tratantes de ganado se afanaban con sus palos en devolver las reses a los camiones. «Trajeron entre 2.000 y 3.000 cabezas, aunque no disponemos de un inventario preciso», disculpaba Alberto Pérez, portavoz del Ayuntamiento de Llanera. Aunque muchos lamentaron una jornada «relativamente floja», la reunión permitió cerrar algunos negocios de envergadura. «Alguno compró 200 caballos para llevárselos a Toledo», ejemplificó Pérez.

Entre heno, cucho y palmadas, los tratantes regateaban, protestaban e iban de un rincón a otro como los agentes de bolsa en busca de acciones. Un escupitajo en la palma y un apretón de manos cerraba el trato. «Este año logré colocar 67 animales», resumía eufórico Celestino Fernández. En cuanto le preguntaba por el asunto, agarraba su vara y corría hacia su res más preciada: una inmensa vaca lechera de la raza Asturiana de los Valles. «La he vendido por 700.000 pesetas a uno de Bilbao». Luego se volvía hacia el animal, y con un atisbo de pena, preguntaba: «¿No me podéis hacer una foto con ella?».

Carácter agrario en estado puro. «Durante décadas, si hemos salido adelante, es gracias a ellos», recordaba Gabino de Lorenzo desde el recinto de políticos y autoridades. «¿Vacaciones? Ellos no saben de eso, de puentes, de nada... Ahora, con la globalización, se pueden comer fresas de Chile en invierno, pero durante siglos, si se comían, era gracias a estas personas», recordó el regidor ovetense. «Vosotros sois la nevera de Asturias, pero también los jardineros, porque sin vuestro esfuerzo, la región sería un bajo matorral», remachó.

Ovidio Flórez es una de esas personas, pero ayer lo veía todo como el cielo de Llanera: encapotado. «Es que el tema de la carne está muy parado», lamentaba. Según recuerda, el año pasado vendió un ternero a «850 pesetas» (5,10 euros) el kilo. «El martes mato a otro que viene de la misma madre y no sacaré más de 750 pesetas (4,50 euros)», informa, como todos, sin adaptar los cálculos a la moneda europea. Para Flórez la jornada resultó estéril. «No vendí nada de ganado de vida, es que los potros andan baratos y por eso mis yeguas no funcionan bien», justificaba.

Acodado en una improvisada barra, Joaquín García intentaba consolar su suerte. «No se vendió hoy, pero hay que recorrer todas las ferias igual, no sabes cuando te irá bien el día», explicaba. A su lado, un puñado de granjeros hacían tertulia con el aspecto y las ganancias que le estimaban a los animales. «Esto ya no es la recuperación de una feria, esto ya es el esplendor», pregonaba a los suyos De Lorenzo.

Hasta de Sevilla llegaron los compradores. «Creo yo que ya nadie dudará de lo idoneo del recinto de Llanera para acoger a estos cientos y cientos de camiones», defendía. Por si quedaban dudas sobre la idoneidad de concluir una fiesta ovetense en el municipio vecino, el edil alzó el brazo y apuntó: «Allí, a 200 metros, está la raya que nos divide de Llanera». El orbayo de mediodía deslució el fin de La Ascensión en la losa de Renfe y la plaza de la Catedral. Ya hizo lo mismo el año pasado.

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