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El hombre que unió Asturias y Galicia
Domingo Martínez, ex alcalde de Castropol, destaca como uno de los grandes legados del ex presidente del Gobierno la construcción del puente de Los Santos
05.05.08 -

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El hombre que unió Asturias y Galicia
RIBADEO. Las líneas en la hierba marcan el lugar donde será enterrado el ex presidente. / D. F.
En la tarde del 27 de julio de 1987, el entonces ministro de Obras Públicas del Gobierno que presidía Felipe González, Javier Sáenz de Cosculluela, cortaba la cinta de una de las infraestructuras más esperadas: el puente de Los Santos. Un paso sobre la ría del Eo que no sólo sirvió para mejorar las comunicaciones entre Asturias y Galicia, sino que se convirtió en todo un símbolo para dos orillas que compartían mucho más de lo que les separaba.

Pero el puente de Los Santos fue diseñado mucho antes. Unir las dos comunidades a través de esta infraestructura era una obsesión de un ribadense de pro, Leopoldo Calvo-Sotelo. Por ello, cuando accedió a la presidencia del Gobierno, en 1981, tras la dimisión de Adolfo Suárez, quiso cumplir aquel sueño.

Domingo Martínez, alcalde de Castropol hasta 1999, lo recuerda. En lo político, estaban muy distanciados: él es socialista de vocación, y Leopoldo Calvo-Sotelo era un centrista de convicción. Pero sus diferencias ideológicas no impidieron que entre ambos surgiera una relación que traspasara la de cargos institucionales.

Martínez considera que uno de los mayores legados que Calvo-Sotelo ha dejado para Asturias y para el Occidente es el puente de Los Santos. «Estaba obsesionado con esta obra. Por eso, cuando logró la Presidencia del Gobierno fue una de las primeras cosas que trató de poner en marcha», recuerda.

Incluso, añade el ex regidor socialista, «buscó contratar la obra» antes de salir del Ejecutivo tras la victoria de Felipe González en las elecciones de 1982.

Al final, ya con los socialistas en el poder y él alejado de la política, vio cumplido su sueño. Aunque, como apunta Domingo Martínez, a punto estuvo de no verlo. El ex alcalde castropolense recuerda una anécdota muy poco conocida y que demuestra «el carácter afable» del ex presidente de UCD.

Cuenta Martínez que el acto de inauguración del puente de Los Santos, el 27 de julio de 1987, había sido diseñado al milímetro por las Delegaciones del Gobierno de Asturias y Galicia. Pero hubo un fallo. «Por la mañana estábamos en el puente preparándolo todo para que por la tarde Cosculluela lo inaugurase. Entonces vimos venir a un hombre subido en una vespino y con unos pantalones de mahón. Cuando se bajó de la moto vimos que era Calvo-Sotelo».

Comenzó a dialogar con los presentes y, en un momento, los de responsables de protocolo se dieron cuenta de que no se había cursado invitación al ex presidente para la inauguración de la tarde. «Se montó un follón... Le pidieron mil disculpas y él, les dijo que no pasaba nada», recuerda el ex alcalde de Castropol.

«Controlarlo todo»

Pero esa anécdota también sirvió para descubrir otra faceta de Leopoldo Calvo-Sotelo. «Era afable, pero a la vez mandón. Le gustaba controlarlo todo. Tras pedirle disculpas, él se encargó de organizarlo todo para el acto de la tarde: donde nos teníamos que poner, que tenía que haber unas chicas vestidas de asturianas y gallegas...», recuerda Domingo Martínez.

Esa misma faceta de tratar de tenerlo todo controlado ya la había vivido años atrás el ex regidor castropolense. Fue durante la reunión de la mancomunidad de municipios del Eo convocada por Calvo-Sotelo. «Tuvimos varios encontronazos, ya que él quería deshacer la mancomunidad y que Castropol y Ribadeo nos uniéramos en una», explica Martínez.

Casualidades de la vida. En 1999, el hijo del ex presidente del Gobierno, Juan Calvo-Sotelo, venció a Domingo Martínez en las elecciones municipales y le arrebató la Alcaldía. Un par de años después, Castropol abandonó el grupo de acción local de Oscos-Eo y se unió a Ribadeo para gestionar de forma conjunta un plan de ayudas europeas: el Leader 'Puente de Los Santos'.

Pero «mandón» o no, Leopoldo Calvo-Sotelo fue el promotor de importantes obras en el concejo castropolense. Como, por ejemplo, la ampliación del puerto de Figueras, una actuación que sirvió para que los vecinos de esta localidad le rindieran un homenaje.

Y es que Castropol siempre fue un lugar muy especial para el ex presidente. Su padre conoció a su esposa cuando era juez en esta villa asturiana. Y en esta localidad se casó su hijo, Juan.

Leopoldo Calvo-Sotelo nació en Madrid, pero siempre se sintió ribadense. Sobre la casa que construyó en una atalaya sobre la ría, con Castropol al fondo, el ex presidente se refugiaba de la frenética vida política. «Siempre venía aquí a ver a los carpinteros de ribera. Y lo hacía sólo. Yo creo que venir a Castropol era una especie de vía escape, por lo que hacía despistando a sus escoltas», concluye Martínez.

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