
La empresa, que el año pasado organizó su primera ruta y tiene prevista otra para el mes próximo, no garantiza a sus clientes que verán un oso en libertad, pero sí que lo buscarán exhaustivamente con ayuda de guías locales. Un viaje de ocho días cuesta 1.200 euros. Para defender la actividad, Naturetrek alega que los visitantes se mantienen a distancia de los osos y que transitan por caminos públicos, para lo que, según su versión, no se necesita autorización.
Belén Fernández aseguró tras conocer esta posición que «el Gobierno asturiano dispone de instrumentos de planificación eficaces para lograr el equilibrio entre el uso de conservación y el uso turístico». La consejera de Medio Ambiente y Desarrollo Rural revivió así una polémica que salió a la luz hace justo dos años, cuando el Fondo para la Protección de los Animales Salvajes (Fapas) denunció «un proceso anárquico de gente metiéndose en el monte para ver osos» tras haber constatado la presencia de decenas de turistas en zonas restringidas, sobre todo de Somiedo y de Cangas del Narcea.
En peligro de extinción
Los avistamientos coincidieron con una propuesta de la Fundación Oso Pardo, liderada por Guillermo Palomero, al Principado para la organización de «rutas guiadas para la visualización de osos por turistas en espacios naturales». La intención de Palomero, que aboga por regular esas visitas, era «sacar rentabilidad social a la especie, que genere riqueza en la zona rural y los vecinos se impliquen en la conservación», a lo que Fernández respondió que las visitas no se permitirían hasta que la especie dejase de estar en peligro de extinción.
En esta ocasión, la respuesta es más tibia, ya que, según Fernández, «inclinar la balanza en uno de los dos sentidos -conservacionista o turístico- daría al traste con las políticas realizadas hasta ahora».
Del lado de quienes se oponen a esta regulación se sitúa el biólogo y profesor de la Universidad de Oviedo Javier Naves, uno de los máximos expertos en la materia, que defiende que explica que «no es bueno que el oso se habitúe al hombre», porque «un oso que come del hombre está muerto».
La tercera vía en este enconado debate la encarna Carlos Zapico, responsable de la Fundación Oso de Asturias, que alerta de que este tipo de visitas, además de ilegales, «son peligrosas para los humanos, porque pueden ser atacados,y son peligrosas para la especie amenazada, fundamentalmente osas con crías, que son las que tienen hábitos diurnos, a las que se somete a más presión de la que ya tienen». Zapico sostiene en cambio que el caso de 'Paca', 'Tola' y 'Furaco' «no tiene nada que ver, ya que los turistas no invaden su territorio».





