
El auxiliar del Saunier Duval Fernando es el primero en la recta. Uno del equipo va en la escapada. Pero al pasar dice que no con la cabeza. Matxín, el director deportivo, lo recoge en el coche que sigue a los escapados. «Cuando van por delante prefieren no coger para no perder rueda y luego bajar al coche», cuenta Fernando. El primero no coge. El segundo va demasiado metido en el centro del paquete. El tercero ni se le ve pasar.
«¿Dame dos!». David de la Fuente, uno de los corredores con más calidad del pelotón, le grita a su auxiliar. «¿Quiere dos? Pues ahí van tres. Reparte». Otros dos paquetes se los llevó Jesús del Nero. «Fue peor de lo esperado», indica Fernando mientras entrega a su compañero José Luis Gil las otras dos bolsas. «Pero si repartiste cinco», le comentan. «Pero no individuales».
«Un bidón de agua, otro con alimento líquido para que sea más fácil de asimilar, una barrita energética, una chocolatina, un gel energético, un trozo de manzana, un bollito de jamón y queso y un pastelito de coco», eso es lo que llevan en la bolsa de avituallamiento los ciclistas, que salen del inicio de etapa con «dos bollitos y dos pasteles».
Para llegar con fuerzas al final de la etapa es determinante comer y hacerlo bien y a tiempo, antes de empezar a flaquear. «El gel es para el final de etapa que ya no pueden ni morder», dice Fernando mientras ve como algunos aficionados dan pedales y miran a la cuenta buscando algún bote o alguna bolsa tirada por los profesionales. Y es que cualquier cosa sirve como recuerdo. Hasta las migajas.





