En el apartado de juegos hubo tabas -con las que la alcaldesa aseguró jugar-, cromos de la palma e incluso cajas de la señorita Pepis. «Estábamos las niñas por un lado y los niños por otro, y a una misma clase asistíamos alumnas de varias edades», narraba una madre a su hija, que miraba incrédula cómo podían escribir con una pluma. «¿Y no teníais ordenador?», preguntaba la pequeña.
Mientras, los antiguos alumnos se sentaban en la mesa del profesor para hacer fotos. «¿Quién nos iba a decir que nos sentaríamos aquí!», decían.





