
La devastación será mucho mayor porque estos primeros datos se refieren sólo a dos de las cinco zonas afectadas por el 'Nargis': las divisiones de Yangón -antigua Rangún-, Bago y Ayeyawaddy y los estados de Kayin y Mon, fronterizos con Birmania. Tras formarse el ciclón en la bahía de Bengala, vientos huracanados de casi 200 kilómetros por hora golpearon Myanmar el viernes por la noche en la desembocadura de su sagrado río Irrawaddy (Ayeyawaddy), a 220 kilómetros de Rangún, la principal ciudad del país. El sábado, el ciclón asoló el delta del Irrawaddy, donde se concentran la mayoría de los cultivos de arroz y en cuyas cinco regiones afectadas viven 24 de los 53 millones de habitantes de Birmania, una de las naciones más pobres y aisladas del mundo. El temporal, acompañado de un fuerte oleaje en el mar, se llevó por delante las endebles chozas de los campesinos, dejando a cientos de miles de personas sin hogar e inutilizando las ya de por sí precarias infraestructuras. «Es un gran desastre. Hay cientos de miles de personas que necesitan alojamiento y agua potable, pero no sabemos cuántas», explicó desesperado a la agencia Reuters el responsable de la oficina de la ONU en Bangkok, Richard Horsey.
Cifras dispares
Según la agencia estatal china Xinhua, que eleva la cifra de fallecidos a 15.000 personas citando una fuente diplomática, sólo en Bogalay, en la división de Ayeyawaddy, ya hay más de 10.000 muertos, con otro millar más en Laputta. Mientras tanto, en la isla de Haing Kyi, casi 20.000 casas han quedado reducidas a ruinas, dejando en la calle a 92.706 personas.
A la vista de la catástrofe, la Junta militar birmana, que controla el país desde su secreta ciudad-búnker de Naypyidaw, a 400 kilómetros de Rangún, ha declarado el estado de emergencia y se ha visto obligada a elevar dramáticamente la cifra de fallecidos que había anunciado en un principio, que era de 351 personas.
Mientras los equipos de emergencia y rescate intentan llegar a las zonas afectadas, la población subsiste a duras penas con lo poco que les ha quedado. «Nunca he visto nada así en toda mi vida», aseguró a la agencia AFP un anciano residente en Rangún, de donde llegan escalofriantes imágenes de gigantescos árboles arrancados de cuajo y postes eléctricos y de teléfonos caídos sobre las calles.
Sin velas
Al haber quedado seriamente dañadas las infraestructuras, Rangún sufre cortes de luz y se han agotado las existencias de velas, que han doblado su precio al igual que la gasolina y los alimentos básicos. Un incremento que amenaza aún más la difícil vida de los paupérrimos birmanos, que apenas pueden hacer frente a una rutina cotidiana marcada por sueldos de miseria y una inflación desbocada.
Otras sobrecogedoras instantáneas muestran a mujeres mientras hacen cola para recibir agua de camiones cisterna y a grupos de campesinos y monjes que intentan salvar los restos de lo que queda de sus demolidas viviendas, lo que da una clara idea del caos en que está sumida Birmania y de la ayuda urgente que necesita. Dos barcos de India cargados con comida, tiendas, mantas, ropa y medicinas tienen pre- visto zarpar hacia el país vecino en breve y Singapur, Tailandia y la Unión Europea ya se han prestado a colaborar. Incluso Estados Unidos, que ha promovido varias sanciones contra el Gobierno birmano, ha librado una partida de 250.000 dólares -136.000 euros-, pero ha criticado que su equipo de rescate y asistencia aún no ha sido autorizado a entrar en el país.
El Programa Mundial de Alimentos también ha preparado 500 toneladas de comida y tiene previsto enviar más partidas. A medida que pasan las horas, la tragedia se agranda mostrando las verdaderas dimensiones de esta catástrofe natural, cuyo saldo de muertos ya ha superado los 3.300 que dejó el ciclón 'Sidr' a su paso por Bangladesh en noviembre del año pasado.





