Ya había en los primeros años de la década de los 70 (incluso en los 60) ese tipo de asociaciones, pero camufladas como asociaciones culturales o de cabezas de familia, que buscaban esas tapaderas para intentar burlar la falta de libertades, pero que tenían los mismos objetivos que las creadas dentro la legalidad, con la única diferencia de que entre sus reivindicaciones estaba precisamente la de la lucha por la democracia.
Es por tanto chocante que algunos colectivos vecinales critiquen la excesiva politización de ésta; en todo caso, habría que preguntarse o preguntarles a los que así opinan si no es política el intento de cambiar algunas decisiones políticas municipales por medio de movilizaciones. Otra cosa diferente es el intento de algunos personajes que pretenden llevar al movimiento ciudadano su proyecto político.
Otra confusión que existe entre algunos dirigentes vecinales es la de no tener claro cuál es el cometido y la responsabilidad de cada cual. Los ayuntamientos tienen la obligación de gobernar con los ciudadanos y, en ese sentido, deben escuchar a sus representantes, pero éstos tienen que tener claro que quien gobierna (porque es su obligación, porque las leyes así lo dicen y los votantes así lo decidieron) son las corporaciones municipales.





