Las cifras de crecimiento, paro e inflación no acompañaban al festivo. Por ello, los analistas habían augurado un puente 'descafeinado', con menos desplazamientos y menor demanda de habitaciones de hotel que en otras ocasiones. Pero las predicciones no se cumplieron. Todo estaba lleno. Viva la crisis. En Asturias, donde tuve la fortuna de pasar el fin de semana, la ocupación hotelera superó el 90%. Igualmente ocurrió con la de los campings y zonas de turismo rural. Es más: quien no tuviera reserva para el domingo podía despedirse de celebrar el Día de la Madre en un restaurante. A las tres de la tarde era misión imposible conseguir una mesa en Gijón. ¿Y la crisis? Bien, gracias.
En la Comunidad Valenciana, la ocupación llegó al 92%, superando con creces las previsiones de la Consellería de Turismo. En Benidorm se rozó el lleno absoluto. Y en Ávila, por poner un ejemplo del interior, las cifras superaron con creces el 85%.
¿Cómo se explica semejante contradicción? ¿Acaso no estamos en un bache económico histórico? ¿Hay crisis o no hay crisis? El Gobierno lleva tiempo insistiendo en que la economía española está preparada para hacer frente a la actual coyuntura de desaceleración. En Europa no se lo creen, y hasta hace poco yo tampoco. Pero ahora empiezo a dudar. ¿Es posible que nuestra economía sea más fuerte -nunca mejor dicho- que el ladrillo? Ojalá sea así. De momento, lo que está claro es que, con crisis o sin ella, en España se sigue viviendo muy bien.





