Lo que sí vemos es que gran parte de las grandes fortunas españolas están relacionadas con el mundo de la construcción, lo que evidencia que es y debe de ser muy rentable este sector en el proceloso mundo de los negocios. Incluso se han publicado recientemente subidas de sueldos en empresas constructoras que servirían por sí solas para pagar todas las nóminas de los trabajadores de muchas pequeñas empresas.
Cuando la crisis americana y mundial de los años treinta, los Estados apoyaron con un aumento de contratos públicos a la industria de cada país. Por desgracia también incluía la armamentística a cuyos stocks hubo que dar salida en pocos años. Aquí parece que el actual Gobierno intenta aplicar ese mismo modelo, de cara al mantenimiento del empleo en el sector de la construcción. Es un modelo que tenemos que pagar entre todos con nuestros impuestos solidarios Pero, en referencia a las empresas, me parece poco justo que el Estado apoye sin que antes haya un ajuste en los enormes y descarados beneficios comerciales del sector según cuentan las leyendas urbanas. Los sindicatos ya han avisado de que no hay que cargar a los trabajadores con el muerto de la crisis. Yo estoy seguro de que si las viviendas construidas y las que están en proyecto acercasen sus precios a un límite en el que todos los sectores, vendedor, intermediarios y compradores se beneficiasen, las ventas volverían a aumentar a pesar de que el dinero está más caro, ya que hay beneficios que parecen que deben de ser intocables y a salvo de cualquier crisis como leemos cada día en las páginas económicas de los diarios.
Hoy es casi imposible que una joven pareja o, más difícil, un ciudadano de manera individual pueda acceder a la propiedad de su primera vivienda si no media ayuda familiar, la diosa Fortuna, o la disposición a vivir con un nivel de austeridad para toda la vida, y aún así es casi inalcanzable por no decir imposible. El Gobierno habla de la vivienda en alquiler cuando debe de ser conocedor de los precios reales que se establecen en los contratos y fuera de ellos, además de los establecimientos de avales con sus correspondientes gastos de intereses y gestión añadidos.
Desde la ignorancia supina, creo que debe de haber un gran acuerdo social para que se haga preferentemente vivienda protegida, menor margen empresarial y con una mayor vigilancia fiscal en los contratos de venta y alquiler que aún en 2008 siguen generando mucho dinero B. Es la hora del Estado del Bienestar para todos y también de la participación y esfuerzo municipal, en este caso hay que lograr que los convenios urbanísticos sean muy claros y transparentes, incluso refrendados popularmente antes de su firma, menos vistosos y más sociales, ya que sin una plaza, una fuente, un minimuseo o una escultura, todo ello prescindible y que a veces solamente sirven para promoción política, espero que no crematística, aunque las estadísticas cada vez son más claras, de unos pocos. Si esos resultados colaterales de los convenios se vive con una calidad mucho mejor que sin una vivienda accesible a los muchos que hoy no la tienen y a los que les será imposible tenerla de seguir las cosas así. Cuando votamos hace unos meses, la sociedad envió un mensaje muy claro. Cúmplase sin complejos y progreso, ya que un tanto por ciento muy alto de los trabajadores no son ni siquiera mileuristas.





