
Avelino Sala, que ya es habitual en la madrileña Raquel Ponce, ofrece un trabajo en la misma línea de producción que el proyecto que prepara para Laboral Ciudad de la cultura y su intervención en la fachada del teatro. Su idea suma la idea misma de monumento y memoria, como un diálogo con la historia. En este proceso «el águila imperial se convierte en uno de esos símbolos, absorbido por nuestras ciudades, vestigios de una memoria pasada que se ha reconducido hacia nuevos significados».
Por su parte, Germán Gómez muestra un discurso en el que se ponen de manifiesto «inquietudes profundas», tras rostros y figuras que se entrecruzan luchando, debatiéndose entre el cielo y la tierra. Sus formas atormentadas, nacidas en Roma, donde estuvo becado, son todo un estudio anatómico sobre la belleza humana.





