Las perspectivas de futuro del sector «son muy buenas», afirma Carmen Fernández, una de los cuatro emprendedores que en 2001 apostaron por recuperar un cultivo casi perdido. «El consumidor cada vez lo demanda más. Al principio teníamos un mercado muy pobre, porque era un producto desconocido. De hecho, lo conocían más en Cataluña que aquí, a pesar de que es un cultivo autóctono», explica.
La consolidación de este mercado no sólo depende de la promoción de los valores nutricionales de la escanda -que van acompañados de la idea de conservar un elemento etnográfico de la región-, sino que «va a ser un gran aliciente» la consecución de la Denominación de Origen Protegida (DOP).
A este respecto, Rafael Estrada, presidente de la Asociación Asturiana de Productores de Escanda (Asapes), indica que «está a punto de salir toda la documentación para Bruselas y esperamos que este mismo año tengamos la DOP Escanda de Asturias». Tenemos posibilidades, por la calidad del producto», subraya.
De conseguir esta distinción de calidad, el producto regional alcanzaría un mayor nivel de promoción, tanto para el cultivo como para el consumo. «El día que tengamos la DOP necesitaremos también la colaboración de los panaderos y los restauradores, para que nos ayuden a sacarlo adelante», apunta Estrada.
El optimismo ante un favorable futuro de la producción y comercialización de escanda de Asturias -que el año pasado fue incluida en 'El Arca del Gusto', un registro en el que están inscritos 400 alimentos en peligro de extinción en todo el mundo- se sustenta también en el hecho de que, a día de hoy, muchos productores deben importar grano para dar respuesta a la creciente demanda de harina de escanda, el producto más valorado en la región. «Fuera también se vende mucho grano, pero aquí, la harina y los transformados es lo que más nos pide la gente», comenta Carmen Fernández.





