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Oviedo

JUAN JOSÉ MARTÍNEZ-JUNQUERA, FISCAL DE VIGILANCIA PENITENCIARIA DEL TSJA
«Como las cárceles no dan votos, al final son aparcamientos de gentes»
El fiscal responsable de los 1.400 presos de Villabona dice que los conductores castigados a trabajos en beneficio de la comunidad «pueden quedar sin cumplir la condena»

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«Como las cárceles no dan votos, al final son aparcamientos de gentes»
EXPERIENCIA. Martínez-Junquera explicó ayer la suya sobre el mundo carcelario a los alumnos de Derecho. / MARIO ROJAS
Dedicó su juventud a estudiar manuales, pero la carrera le ha acabado poniendo frente a los presos. Juan José Martínez-Junquera (Gijón, 1960) explicó ayer a los alumnos de Derecho cómo funcionan las prisiones. «Al entrar, te das cuenta de que huele diferente, como los hospitales, con algo de agobio y temor».

-Conducir con copas de más es el camino para acabar condenado a trabajos en beneficio de la comunidad, castigo que se extiende y que a usted no le convence. ¿Por qué?

-Tiene una naturaleza que funciona bien en el entorno anglosajón del que viene, pero aquí no tanto. La ética protestante es muy moralizadora: creen que tener a un preso tres años con una biblia le llevará por el buen camino. El político lo traslada aquí y dice: «Sería estupendo que los que causan accidentes por ir bebidos cuiden tetrapléjicos». La idea es bonita, pero preguntas a las asociaciones de tetrapléjicos y nadie quiere a esa gente a cuidándoles.

-Entonces, ¿a qué se les castiga?

-A cuidar jardines o a ejercer de conserje en un ayuntamiento. La pena, al final, no está relacionada con el delito cometido y pierde el componente moralizador y didáctico. Pero además son condenas para las que no hay muchas plazas y cuyo cumplimiento es muy voluntario. Tienes a un señor con su trabajo y familia, y al que un año de cárcel se le ha quedado en trabajar en pro de la comunidad durante ese año. Es demasiado tiempo para hacer una tarea que nada tiene que ver con el delito. A la tercera semana empieza a decir que tiene una boda, una comunión..., y deja de cumplir la condena. Entre lo que se tarda en asignarle el puesto y su propio rechazo, al final puede quedar sin cumplir ningún tipo de condena.

-Dice que funciona mal, pero cada vez hay más castigos de este tipo.

-En eso tenemos culpa jueces, fiscales y el propio sistema. Hay mucha población penitenciaria porque cuanto más libre es un país, más delitos hay. Pero además, los políticos siguen metiendo en el Código Penal nuevos delitos, como es el caso del tráfico, que antes quedaba en sanción administrativa. Al final hay que procesar a más personas. ¿Qué hacen jueces y fiscales? Emplear como normal un mecanismo que debería ser excepcional: lo habitual no debería ser que a todo el mundo le suspendan la condena y se le busque un castigo alternativo.

-La cárcel ya no es lo que era. Ahora a los violadores se les enseña a no serlo, se hace con ellos terapia psicológica. ¿Funciona?

-No creo que baste. Es una opinión personal, pero dudo que sean eficaces. Hay muchas pulsiones que llevan a un violador a cometer la agresión sexual, y a alguno la terapia psicológica le será suficiente, pero sospecho que con la mayoría no basta.

-El propio ministerio investigó hace unos meses la psique de los presos. El resultado es que uno de cada cuatro reos es un enfermo mental. ¿Es la cárcel su lugar?

-Lo primero que hay que aclarar es que no todos los enfermos mentales son delincuentes. Se encarcela a mucha gente con problemas psíquicos, y solo hay dos prisiones específicas a las que al final sólo van los enfermos más graves. El resto acaban con los demás delincuentes. Ése desde luego no es el sitio para ellos, pero es que no hay otro lugar donde internarles: los psiquiátricos cerraron y libres no les podemos dejar.

-Pero entre delincuentes cabales, un enfermo mental solo puede empeorar. ¿La situación no exige una revolución penitenciaria, crear otro tipo de centros para ellos?

-Mi opinión es que las prisiones, a diferencia de la sanidad y la educación, no dan votos. La gente se manifiesta para tener mejores colegios, no mejores cárceles. Al final, las prisiones son aparcaderos de lo que la sociedad no quiere, por eso se hacen a las afueras de la ciudad. Como con los apestados de la Edad Media, la gente prefiere mirar para otro lado. ¿Necesitan los enfermos mentales delincuentes otro lugar? Sí, pero es que el Estado del Bienestar no llega ni a los enfermos mentales que no delinquen: cuando tienen crisis, los meten en el hospital y luego los mandan para casa.

-La huelga de Justicia dejó estancados los permisos de los presos. ¿Ya están los papeles al día?

-Hubo cerca 1.000 expedientes paralizados y, aunque hacemos esfuerzos, no hemos podido actualizar más de un tercio. En los planes para recuperar lo acumulado ésta parece que no es área prioritaria, pero 1.400 presos dan mucho trabajo: cada mes me llegan unos 200 permisos y 20 sanciones.

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