
LAS PROPUESTAS
El eje de la propuesta inicial del Ejecutivo -dar a las regiones más recursos a través de una mayor participación en el IVA, el IRPF y los impuestos especiales, pero reduciendo el fondo de suficiencia- no cuenta con el visto bueno del Partido Popular asturiano. «Quieren generalizar el sistema catalán», apunta Aréstegui, que señala que los porcentajes de cesión que maneja ahora el Gobierno, que llegarían al 50% del IVA y del IRPF y al 58% de los impuestos especiales, son los que ya están contemplados en el renovado Estatut. «Eso puede beneficiar a Cataluña y a otras regiones ricas, que recaudan más y por tanto obtienen más ingresos», indica, «pero no a Asturias».
Igual de inquietante es para Aréstegui la alternativa de que el fondo de suficiencia vea mermados sus recursos. «Para esta región sería un palo», apostilla, recordando que el Principado es una de las comunidades «que más se beneficia» del mismo. Asimismo, ve irónico que el Gobierno central hable de crear otro fondo, en este caso orientado a la convergencia autonómica, «cuando ya existe uno que quiere limitar». A la espera de que el Ejecutivo dé a conocer más información de sus planes, el portavoz popular pone sobre la mesa una reflexión: «Las perspectivas para mantener la solidaridad no son nada halagüeñas».
Posibilidad dañina
Izquierda Unida también mira con recelo los primeros movimientos en el Ministerio de Economía. Iglesias coincide con Aréstegui al afirmar que la idea de que las regiones cuenten con más recursos por la vía fiscal es dañina para territorios como Asturias, con menor capacidad de generación de riqueza y de recaudación. «A nosotros eso no nos ayudaría», opina.
El análisis del borrador inicial del Ejecutivo lleva a Iglesias a expresar su temor de que el Principado no vaya a ser una de las regiones beneficiadas por la reforma de la financiación. Más bien al contrario. Que se esté pensando en aminorar la cuantía del fondo de suficiencia no es un buen indicio, alega. «Una decisión así no encaja en un modelo de solidaridad; sería una solidaridad devaluada», comenta.
El PSOE, de momento, se mantiene a la expectativa. Su portavoz en la Junta General, Fernando Lastra, eludió entrar en la confrontación política y se limitó a afirmar que si las comunidades obtienen más recursos por la vía de una mayor participación en los impuestos, «parece obvio que las necesidades de nivelación se reducirán». Fuera de eso, reivindicó la necesidad de que esos mecanismos de equilibrio se mantengan para paliar las diferencias que, pese a todo, sigan existiendo.
Ajeno a las críticas, el Ministerio de Economía mantiene sus planes y continúa sentando las bases para la negociación que, de llegar a buen puerto, desembocará en el nuevo sistema. Será un proceso «complicado», admitió ayer el propio ministro, que pese a todo entiende que hay «elementos para el acuerdo». El Gobierno tiene el compromiso de sacar adelante la reforma «y lo vamos a hacer», indicó, negando la existencia de cualquier retraso.
Calendario
El calendario que se ha marcado el propio Solbes pasa por aprovechar los meses de primavera y verano para acercar posturas y lograr un acuerdo político antes de agosto. El resto del año, según esta 'hoja de ruta, se aprovecharía para tramitar la ley, que entraría en vigor el año que viene. No debería, a su juicio, haber ninguna espera.
«Cada comunidad tiene sus argumentos y habrá que llegar a un consenso», alegó el máximo responsable de Economía, que afirmó que su intención es reforzar la autonomía financiera de las comunidades para que dependan menos del Estado y más de sí mismas. Siempre, eso sí, «garantizando la solidaridad y la convergencia regional», con la idea de que, al final, el proceso negociador se zanje «sin perdedores».
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