
El haberle puesto nombre ha servido para identificar el problema, para definirlo, para conocer los perfiles de agresor y agredido. «Para definirlo como acoso escolar debe haber diferencias entre agresor o agresores y agredido, que pueden ser físicas o psíquicas. Además, las agresiones deben ser reiteradas», afirmó la psicóloga, quien describió los perfiles de los dos actores más visibles de este problema. «Los agresores son chicos agresivos, muy poco empáticos y que suelen sentirse inseguros. Tiene poco control de la ira, carecen de sentimientos de culpa, son poco reflexivos y en ocasiones agreden a otros chicos como una forma de llamar la atención. Los agredidos tiene una personalidad más sumisa, que es lo les suele provocar la agresión, son más inseguros, introvertidos y carecen de una red social».
El tercer actor
Parece obvio que la solución a este problema pasa por trabajar con agresores y agredidos, pero Isabel Menéndez apunta a un tercer colectivo: los espectadores. «Si todos los que vemos actuáramos esto no pasaría porque excluiríamos al agresor. El que calla es el que hace que el agresor sea más fuerte», afirmó.
Las consignas del 'tú no te metas' «tan arraigadas en nuestra sociedad», hacen un flaco favor a los que tratan de resolver los problemas derivados del acoso escolar. «Hace falta trabajar la modificación de conducta y la inteligencia emocional, pero con agresores, agredidos, espectadores y con las familias de todos ellos».
El sistema educativo español y el asturiano en particular carece de mecanismos, según Isabel Menéndez, para atajar correctamente el problema, dando en ocasiones soluciones un tanto excéntricas. «Las sanciones en este campo, por mucho que se diga, son casi inexistentes. Los que se marchan de los centros son siempre los acosados, que van a otro centro y vuelven a ser acosados», relató la psicóloga.





