QUE el PP vaya a celebrar un congreso el próximo mes de junio, no es causa suficiente para descuidar la labor de oposición, tan importante en política, y preocuparse solamente de quienes en dicho partido, al parecer, tienen muchas ganas de presentar su candidatura a la Presidencia. Y así, legislatura tras legislatura, este partido con más de diez millones de votantes que le avalan ve cómo se les van escapando por el sumidero de la decepción hombres tan valiosos como Aznar, Rato, Cascos, Acebes y Zaplana, acaso éste uno de los políticos mas valiosos con que contaba Rajoy. Los dimes y diretes de Aguirre y Ruiz-Gallardón, los problemas más o menos públicos de muchos partidos autonómicos (por supuesto, del PP), hace que esos millones de votantes se empiecen a hacer la siguiente pregunta: ¿a quiénes votamos? Y seguirán votando al PP porque no hay otro partido con el mismo programa, con las mismas características, que si lo hubiera No es de recibo que el partido de la oposición no se haya enfrentado ya, con contundencia, a lo de la crisis económica (desaceleración (?), a explicar por qué Pizarro y Costa están de suplentes o a los nombramientos por el Gobierno de delegados en el 'lobby' de empresas públicas tan 'peligrosas' como la construcción y, sin pensar más, por último, en el rescate de los marineros, pagando 'al contado', mientras la fragata de la Armada se convirtió de pronto en el balcón ideal para presenciar esta vergüenza de país que paga, deja escapar a los piratas y prohíbe que intervengan los hombres de la fragata. Esto y bastantes cosas más, sin esperar a discutirlas (en minoría) en el Parlamento. Esto no puede seguir así. El bipartidismo -lo recuerdo por si alguno de este partido se le olvida- consiste en oponerse al Gobierno en aquellos asuntos mal planteados o mal legislados o Y, si esa oposición es buena, tendrá contentos a todos y estará haciendo méritos para las próximas elecciones. Pero, de seguir así, este partido se convertirá en una casa de vecinos de las de antes, asomándose al patio a insultar a los suyos y sin poder resolver 'sus problemas' (que sólo les interesan a ellos y que deben resolverse de puertas adentro). Mientras, el partido en el poder sigue gobernando a su manera (que ya sabemos cuál es), sin que nadie le pare los pies, ignorado por los presidentes de las grandes naciones y mirándose su líder cada día en el espejo de la madrastra de Blancanieves