El anuncio de que el lehendakari hará llegar próximamente al presidente su propuesta por escrito tampoco permite pensar que su contenido difiera sustancialmente de las versiones ya conocidas de su plan. Lo que resulta imprescindible es que el juego de las apariencias dé paso de una vez a la asunción de responsabilidades. Si Ibarretxe, su partido y sus socios en el Ejecutivo mantienen su mirada fija en un pleno parlamentario que, al margen de la legalidad vigente, habilite al Gobierno vasco para organizar una consulta lanzadera del proyecto soberanista tendrán que aclarar si desean o no el apoyo de EHAK y, en cualquier caso, deberán atenerse a las consecuencias de tan comprometida iniciativa. A no ser que -y esto sería lo deseable- un mínimo sentido de la realidad les lleve a renunciar a una vía tan arriesgada y se avengan a trabajar por un desarrollo consensuado del autogobierno vasco dentro del amplio cauce que brindan el Estatuto y la Constitución.





