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Palabras con honda
08.05.08 -

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MIS abuelos nunca decían la Pola, sino la Puela, que era un sustantivo más próximo a la carta puebla que en su día le habían otorgado a la villa en tiempos del Medioevo. A mí me sonaba la Puela, aunque con una ele menos, como el hermoso nombre que les daban los romanos a sus doncellas, y no sé por qué no se aprovechan estos vocablos de la lengua madre, el latín, para las niñas de ahora, en vez de tantas zaidas y vanesas. Que se llamen puelas, o manumisas, o libertas, como un grito de liberación y no como un seguidismo paleto de lo que se ve en la televisión. El caso es que la Pola, la de mis ancestros, se sigue llamando por el mismo nombre, sin que los de la brocha en ristre le hayan añadido otra ele, como a Llena y a Llaviana. Tendrían problemas, seguramente, los normalizadores, con los de Llaviana y los de Llena, si les dijeran que su pola iba a llevar una ele más, por imperativos de la toponimia. A nadie le gusta ser oriundo de una 'polla', aunque después de todo Sin embargo, las gentes de mi lejano oeste son más pacientes y desinteresadas, y se dejan colonizar fácilmente. Ya no es infrecuente ver en Luarca carteles de comercios que venden fabes, en vez de fabas, o patates en vez de patacas. Por cambiar, ya han cambiado hasta el nombre vernáculo de la comarca más emblemática del Suroccidente, llamada todavía por los más viejos Bonieshos, pero que algún iluminado la asoció con la existencia de monos, y la nombró Moniellos. Con dos eles, y dos cojones.

Sin embargo, la apropiación de topónimo más vergonzosa se está dando en el Occidente marítimo, comentada por prensa y radio durante estos días con motivo del fallecimiento de don Leopoldo Calvo-Sotelo. Se dice, que al ex presidente le gustaba pescar y pasear en lancha por la ría de Ribadeo, y cuando alguien discute el nombre, como he escuchado en una tertulia radiofónica, sale una traca de gallegos diciendo que eso no se toca, y que la ría es suya: que se llamó siempre ría de Ribadeo, de acuerdo con cartas marítimas, documentos y otras gaitas. Los de estribor sacan pecho, y los de este lado se callan, máxime ahora, cuando ya no está Fraga, y no hay por qué zaherirse entre compadres. Llamarle de Ribadeo a la ría del Eo es como llamarle Jeremías al oso Furaco, pero ya verán cómo la cosa sigue así, poco a poco ganando nombres, que es el anticipo de ganar tierras. Ya lo dijo alguien, que las palabras nunca son inocentes.

Las rías las forman los ríos: la del Nervión, la del Nansa, la del Sella, la del Navia Ahora, los gallegos le ponen, porque sí, el nombre de la ribera (la riba) a las aguas que trae el río, frenadas por las mareas. Ría de Ribadeo, hasta los pueblos vegadenses con las dos orillas asturianas, a donde llega el remanso en marea alta. Aquella porción de agua mansa, que hace alargarse al río de las dos letras, es de los de Ribadeo, que están a quince kilómetros. Manda güevos, oigan.

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