
-¿Por qué?
-Porque esos son locales oscuros, que intimidan. Cuando vas allí quedas incómodo. Esta es una tienda luminosa, con otro tipo de oferta. Aquí no se venden películas porno. Aquí la gente entra, pregunta y nos quedamos tranquilamente hablando un rato del producto.
-Supongo que se lleva trabajo a casa, que lo prueba todo, vamos.
-Hombre, eso te permite hablar mejor del producto.
-¿Cómo acabó metido aquí?
-Es que a mi mujer y a mí siempre nos gustó el erotismo, y llegó un momento en el que decidimos hacerlo nuestro modo de vida.
-¿Sabe que a estas alturas de la entrevista ya tendrá a alguno que lo tache de degenerado?
-Aún hay gente que tiene un tabú con el sexo, y se cortan. No puedes cambiarles.
-¿Cómo va el mercado del sexo? ¿Hay crisis?
-No, son negocios que siempre funcionaron bien, lo que pasa es que ahora se quitaron la cortina y salen a la calle. Como leí el otro día, el «sexo está saliendo del armario».
-¿Y cómo lo recibe esta ciudad?
-Pues tiene varios sex-shops abiertos, pero creo que aún hay margen para alguno más. En Gijón no, allí está un poco saturada la oferta.
-¿Algún cliente particular?
-No, aquí vienen de todo, heteros, homosexuales, jóvenes, mayores. A veces entran señores de 65 años, para curiosear.
-¿Qué recomienda a los amigos? ¿Cuál es su juguete favorito?
-Uff... tengo varios. Los dos usamos vibradores, los aceites siempre están en la mesa, tenemos lubricantes a mano, y la lencería por supuesto nos excita...
-Y todo al alcance de la cama.
-Bueno, tenemos un armario especial, cuyo fondo cada vez nos va creciendo más y más.





