
Vigil compartió el espacio con el ex director general de Sanidad del Principado Faustino Blanco, quien se mostró de acuerdo con las amenazas -falta de financiación, gasto descontrolado y desigualdades territoriales- denunciadas por el ex presidente. Blanco, en todo caso, cree que el sistema merece una calificación mejor que la que aparece en el libro. Vigil arremete contra los discursos políticos más comunes y considera que la sanidad pública es «aseada», pero no excelente, como sostienen a menudo sus gestores. Para respaldar su afirmación, recordó que Alemania dedica a financiar la asistencia médica a sus ciudadanos casi el doble del porcentaje que España asigna a ese destino.
Blanco, por su parte, destacó que los puntos fuertes de la medicina pública son la formación de los profesionales, garantizada por los doce años de estudios y adiestramiento que suponen la licenciatura y el sistema del MIR, y las inversiones en tecnología puntera para los tratamientos. Por el contrario, apuntó que la falta de criterios comunes de financiación, prioridades, listas de espera y gestión de personal crean dificultades y diferencias entre las comunidades. Un ejemplo de esas disfunciones, dijo con el asentimiento de Vigil, es la falta de médicos y la dificultad para enviarlos a las comarcas rurales.





