Y ese tipo de buena suerte, por más que digan, no viene sola. Se trabaja, se logra a base de humildad y de convencimiento, de fe y de sacrificio, como el que tuvo que emplear todo el equipo cuando, aún con empate en el marcador, el Tenerife se le echaba encima. Lograron los rojiblancos, a base de trabajo, contener a los isleños con mucha disciplina. Y la clave pudo bien estar en el balonazo al larguero del local Nino, en el que Roberto hizo una gran estirada para rozar lo justo el balón.
Haber evitado ese gol fue fundamental para que el Sporting se impusiera, con los dos tantos, auténticos golazos, que marcó por mediación de Míchel -¿cómo se lo merecía, tras una semana tan dura como ha pasado!- y de Pedro.
En la segunda parte, el Sporting demostró oficio y seriedad, porque el Tenerife sí se volcó, pero no logró tener ninguna ocasión clara gracias al intenso y organizado trabajo de los rojiblancos, que también demostraron estar muy fuertes físicamente.
Han sido tres puntos valiosísimos que hoy el Cádiz, si vence a la Real Sociedad, puede hacer de oro, porque dejaría a los donostiarras a cinco puntos a falta de cinco partidos, cinco finales para soñar con un premio merecidísimo.





