
Nacho Orviz avanza apenas diez metros antes de que, ya en el exterior de la terminal, le reconozca un admirador. «Prestónos que hicieras cumbre, campeón. En el Grupo se siguió tu expedición», le dice un socio grupista, entidad a la que pertenece el himalayista gijonés, también vinculado a la Agrupación Montañera Astur Torrecerredo. En el vuelo procedente de Madrid ha coincidido con un equipo de gimnastas del Grupo Covadonga y de ellos le llegó la primera felicitación en persona por su gesta.
El alpinista, bajo los efectos del 'jet lag' tras 24 horas de aviones y aeropuertos, empuja un carro cargado de bártulos. Regresa a casa con unos kilos de menos en su cuerpo y una conquista más en su mochila. En el corazón de Asia ha coronado el Dhaulagiri (8.167 metros de altitud), una de las grandes montañas de aquel continente y de todo el planeta. Lleva cuatro de catorce y su mente ya revolotea por la cumbre del quinto 'ochomil' de su carrera, que confía en poder visitar de aquí a tres o cuatro meses.
En los gestos de 'Nachomil' se asoman el cansancio y la alegría por el sueño cumplido. «El 'Dhaula' es una montaña dura, muy técnica. Yo fui a la cumbre con dos piolets y normalmente suelo hacerlo con uno, pero allí te puede surgir cualquier imprevisto», señala.
«Mucho viento y frío»
El 'ochomil' nepalés, advierte, no le abarató el precio respecto a hace un par de años, cuando el mal tiempo le hizo dar la vuelta a menos de cuatrocientos metros de la cima. «Esta vez también fue duro, con mucho viento y frío. Hubo accidentes y congelaciones en otras expediciones con las que coincidimos allí», afirma. El plus necesario para alcanzar la cumbre lo dio la alta cualificación del grupo en el que se integró el bombero asturiano, que se enfrentó al Dhaulagiri en compañía de media docena de montañeros de primer nivel procedentes de Sudamérica, Cataluña y el País Vasco. Entre ellos se encontraba el ecuatoriano Iván Vallejo, que culminó allí el proyecto de las catorce cumbres, y la guipuzcoana Edurne Pasaban, quien va camino de convertirse en la primera mujer del mundo que sube los catorce 'ochomiles'.
No por casualidad, constata, «fuimos la única expedición que llevó a todos sus integrantes a la cumbre. El resto iba a remolque nuestro. Salvo los polacos, que colaboraron un poco, nos tocó llevar la iniciativa y abrir la ruta».
El alpinista gijonés lamenta la proliferación de «domingueros» en los 'ochomiles', escaladores con escasa preparación y precariedad de medios que se enfrentan, de forma poco responsable, a montañas mortíferas y muy poco amables. «Había grupos que no llevaban cocinero, ni un metro de cuerda, ni un clavo. Y después vienen los accidentes y los demás tenemos que jugárnosla en los rescates, porque no se le niega la ayuda a nadie», se queja Nacho. Añade que el médico con el que contaba su expedición, que prestó ayuda desde el campo base y desde el campo uno durante el decisivo ataque a la cumbre, hubo de trabajar a destajo para asistir a montañeros de otras expediciones, que sufrieron «bastantes problemas de congelaciones». El suceso más grave fue la muerte del tarraconense Rafael Guillén mientras trataba de ayudar a otro alpinista. «No hizo cumbre, se quedó ayudando a un compañero y mientras bajaba se despeñó. Es una montaña en la que a la mínima puedes sufrir un patinazo que te cuesta la vida, porque no puedes equipar toda la vía», afirma el gijonés.
Con todo, reconoce que el 'ochomil' en el que ha invertido más sufrimiento hasta la fecha es el Makalu, la quinta montaña más alta del planeta, que coronó en 2004. Antes de él venció al Gasherbrum II y con posterioridad pisó la cima del Nanga Parbat. Con el 'Dhaula', Nacho suma y sigue en su ambicioso proyecto de cumbres.





