En medio de todo esto llegó Manuel Preciado desde Cantabria. Con un proyecto ilusionante bajo el brazo. Y con el aval de haber conseguido un meritorio ascenso con el Levante. Casi un año y medio después, el Sporting está a punto de cerrar uno de los episodios más negros y largos de su historia. Hasta los más escépticos comienzan a creer en sus posibilidades. Las matemáticas no engañan. El equipo sigue en ascenso. Faltan cinco jornadas. Una semana menos. Y nada parece enturbiar el horizonte del equipo. Ni siquiera las mareantes cifras de dinero que se barajan como incentivo de sus rivales. Prueba de ello fue lo de Tenerife.
El Sporting viajó a las islas con una ilusión y regresó con una realidad en forma de victoria que, además, estuvo secundada por la derrota del Málaga ante el Nástic y el empate de la Real Sociedad en Cádiz, que ya se distancia a cuatro puntos. Y casi sin tiempo para asimilarlo, el equipo llegó al Aeropuerto de Asturias. Era mediodía, domingo, y Fernando Alonso monopolizaba los televisores, pero eso no fue un impedimento para que medio centenar de aficionados fueran a recibir a la plantilla rojiblanca a su llegada. Y mucho menos para que escoltaran al autocar del equipo hasta Gijón. El trayecto hasta Mareo estuvo aderezado por pitidos, banderas rojiblancas que ondeaban por la autopista y gritos de ánimo.
Preciado era el único que mantenía la cabeza fría, aunque no era fácil. Se refugiaba en la prudencia y no se dejaba llevar por sus sentimientos más profundos. «Hay que seguir porque esto no está hecho», señalaba. «Quedan cinco partidos y la diferencia es pequeña, pero las sensaciones son excelentes», confesaba. El nombre y el apellido del cántabro se coreaba sin cesar en Mareo. Y él no paraba de firmar autógrafos y fotografiarse con los aficionados que habían roto la rutina del domingo para darle la bienvenida a su equipo, pero ni con esas bajaba la guardia. «Llevamos un tramo final estupendo porque creo que sólo hemos perdido un partido de los trece últimos y el equipo está muy bien, no podemos negar la evidencia, pero esto no se ha terminado», recordaba con insistencia.
El preparador montañés observaba a los aficionados que se daban cita en Mareo y devolvía el sonoro apoyo que le tributaban con sonrisas de complicidad. Pero, al contrario que ellos, él huía de las celebraciones que iban más allá de la victoria conseguida en el Heliodoro Rodríguez López. «Prefiero mirar a todo esto de reojo porque no me gusta celebrar la cosas antes de conseguirlas», confesaba Preciado, antes de repetir que «hay que instalarse todavía en la prudencia, sabiendo que el caramelo está muy cerca, pero que todavía nos queda un poco para cogerlo». Por un segundo, Preciado dejaba aparcado su hermetismo y confesaba que «tendremos tiempo de celebrarlo y yo seré el primero, pero de momento tenemos que ser cautos». Con la última palabra recuperaba su prudente discurso.
Dudas en Málaga
Sobre el partido de Tenerife, el técnico del Sporting explicaba que «hemos sacado los tres puntos de un campo muy difícil, donde ellos sólo habían perdido un encuentro, y hemos ganado bien, pero ahora tenemos que pensar ya en el Salamanca y en sacar otros tres puntos».
La alegría de las islas fue completa tras el varapalo del Málaga en su campo frente al Nástic. En esa línea, Preciado opinaba que «si pierdes algún partido a estas alturas te entran dudas y el Málaga ha perdido puntos valiosos en las últimas jornadas y eso le ha hecho mucho daño».
Para certificar el dulce momento que vive el equipo y despejar los últimos resquicios de duda que quedan en los últimos pesimistas, el cántabro indicó que «este vestuario está fenomenal desde el 26 de julio y se refuerza cada día», y matizó que «creo que de todos los componentes del equipo no hay más de tres que hayan jugado en Primera y tienen un hambre voraz por ascender».







