
El plato en miniatura fue creado especialmente por el cocinero Carlos Ramos para el concurso. Antes de que el jurado apostase por la tapa, lo hicieron cientos de clientes. «En un principio la gente era reacia a tomar la fabada en vaso y de forma líquida, pero una vez que lo probaron tuvo buena salida y pareció gustar mucho», explica el ganador. A partir de ahora, la tapa podrá degustarse en este establecimiento hostelero gijonés.
La fabada sonora fue presentada en un pequeño vaso transparente. Los ingredientes son tradicionales pero elaborados de forma muy novedosa. «Lleva espuma cremosa de fabes, polvo de chorizo, polvo de morcilla, crujiente de panceta, gelatina de sidra y 'peta-zetas'», apunta el restaurador. Fue ese último ingrediente el que pareció llamar más la atención a los miembros del jurado y el que le valió el primer premio y 3.000 euros de remuneración.
Alta calidad
El tribunal especializado estuvo formado por Joaquín Miranda, gerente de la Sociedad Mixta de Turismo; Luis Antonio Alías, crítico gastronómico de EL COMERCIO; Pedro Morán, propietario del restaurante Casa Gerardo; y Francoise Lebrosse, crítico francés. «Ha habido mucha calidad entre los participantes; tendríamos que haber otorgado 24 primeros premios», comentó Miranda bajo la atenta mirada de la alcaldesa, Paz Fernández Felgueroso, quien siguió desde la retaguardia la cata de los platos.
En segundo lugar, el jurado seleccionó la propuesta del restaurante 'Ye lo que hay'. Este establecimiento apostó por una tortilla de merluza, gambas y ajetes. El tercer premio fue para 'La Nueva Bellota' con un crujiente de langostinos con salsa de eneldo. Recibieron 1.500 y 500 euros respectivamente.
Los cuatro miembros del tribunal tuvieron en cuenta la originalidad, sabor y presentación de los platos. Probaron las 24 tapas: milhojas de queso de cabra y nueces, minitostas de bacalao, sorpresa de verduras, crujiente de langostinos, boroña preñada...
El desarrollo del concurso fue seguido por la gran cantidad de público que durante la tarde acudió al recinto ferial. A las ocho, las colas para entrar al recinto llegaban hasta el pabellón del Pueblo de Asturias.
Desde el jueves hasta el domingo, el recinto ferial Luis Adaro se convirtió en un reducto gastronómico por el que pasaron cientos de clientes dispuestos a probar las máximas propuestas posibles regadas con cerveza. «A ver dónde encuentras pinchos a un euro y cervezas al mismo precio; estamos en crisis, ¿no?, pues hay que ahorrar un poco sin renunciar a salir», dice Noelia Ramírez.
La supuesta recesión económica no mermó las previsiones de los organizadores del evento. «Ha sido todo un éxito y se han superado las 90.000 consumiciones del año pasado», afirmaron fuentes de la organización.





