
Lo más plástico corrió de cuenta del debutante Tendero. Un poco gestero, pero de elegante encaje con el capote y a la verónica. De buena escuela la idea de torear por doblones genuflexos. Muy seguro en el toreo cambiado y en los remates. Sólo el asiento justo para ligar, porque no llegó al tercer muletazo de tanda sin perder pasos. Vertical, o sin encogerse, sin embargo. Desigual el sentido del temple, tan puesto a prueba en esta ocasión memorable porque tocaron dos novillos extraordinarios. Pereza o renuncio para tomar el descabello. Buen gusto al componer, mano baja, porque hace tiempo que un torero, si se reclama de Albacete, tiene que bajar la mano. Y, en fin, cierto aromita con el tarro abierto del todo. Hará carrera. De novillero. Aviso en el primero y oreja en el segundo. Rubén Pinar se encontró con el coro censor de las Ventas por tomarse demasiadas ventajas con el quinto: torear al hilo o para fuera, rectificar antes de tiempo o a destiempo, descargada la suerte, forzados embroques. Una faena tozuda, empeñosa, a ratos ratonil, a ratos suficiente. Oreja en el primero y saludos, en su segundo.
Chechu, que sólo se puso tras muchas pruebas, no se animó con el son del primero, y lo toreó muy despegado, ni le vio el aire al cuarto. Ni se vino abajo tampoco. Mató con autoridad y limpieza.Silencio en los dos.
Los seis novillos de Montealto (Agustín Montes). De buenas, serias y variadas hechuras. Salvo el cuarto, que manseó y cobardeó, dieron juego todos.





