
LOS DISTINGUIDOS
Los homenajeados estuvieron rodeados de otros muchos sacerdotes, amigos y compañeros en diversos momentos de su larga hoja de servicios. Según el programa establecido en los últimos años, el arzobispo ofició una eucaristía y presidió después una comida de confraternización en un Seminario cuya situación actual contrasta con el motivo de celebración. La crisis de vocaciones se pone de relieve al comparar la docena de supervivientes de la promoción de 1958 con los dos curas ordenados por Osoro este año.
Pero la de ayer era una jornada de fiesta, no de lamentaciones, y a ello se aplicaron los participantes. José Manuel Feito, que aún ejerce como párroco de Miranda, en Avilés, e Illas, pronunció un discurso de agradecimiento en representación de todo el grupo. Fuera de guión, se sumaron a las intervenciones Luis González Morán, profesor jubilado de la Facultad de Derecho, que leyó una poesía sobre el sacerdocio, y el párroco de Ceceda, Diego Riesco, quien también compartió versos en la sobremesa.





