
El vivero municipal, cuyo origen data ya de finales del siglo XIX, ocupa una parcela de 16.000 metros cuadrados en Cefontes, en la parroquia de Cabueñes, entre espacios para invernaderos, cajoneras, acopio de tierras, acopio de arbolado y otras instalaciones. La remodelación que ahora concluye se ha centrado en la pavimentación de las zonas de trabajo para poder utilizar carros en el transporte de planta y, así, aumentar la rapidez y la eficacia en la carga de los ejemplares ya maduros que se almacenan en las cajoneras con destino a los jardines municipales.
También se ha sustituido los sistemas de riego, saneamiento y alimentación eléctrica y se ha habilitado una pequeña oficina para poder gestionar por vía informática desde las oficinas de Parques y Jardines en la plaza Mayor las existencias que quedan en el vivero de cada variedad. Finalmente, se ha reformado un viejo edificio, utilizado antiguamente como invernadero, y que acoge ahora los vestuarios para los empleados del vivero y un taller de trabajo.
Mayor agilidad
En lo que respecta a equipamientos, el vivero ha adquirido una máquina enmacetadora que permite agilizar enormemente el proceso de producción de plantas de temporada, hasta ahora manual.
Dulce Gallego destacó ayer el «importante ahorro que supone para las arcas municipales» la existencia de esta instalación, ya que la producción de plantas en el invernadero permite reducir hasta en un 80% el coste que supondría adquirirlas en el mercado, a un precio entre 50 y 80 céntimos cada una. El vivero ofrece, además, una amplia gama de ejemplares, con más de medio centenar de variedades diferentes, la mayoría de ellas de verano. Según explicaron los responsables de la instalación, anualmente se realizan dos tandas de plantaciones -estival e invernal-, cada una con sus particulares plantas de temporada.
El proceso de producción se inicia en los semilleros, donde se espera al brote de los cotiledones -la primera hoja del embrión de las plantas-, que son luego trasplantados. La siguiente fase, cuando la planta tiene ya hojas verdaderas, es el repicado, esto es, el traslado del ejemplar a un recipiente individualizado. Este proceso será uno de los que más mejoren su eficacia con la nueva enmacetadora automática.
Las plantas pasan a continuación al invernadero de producción, caliente, con luz natural y pantalla para cubrirlo cuando da demasiado el sol. Posteriormente las variedades más fotosensibles, que no pueden recibir excesiva luz solar, son llevadas a un área de sombra, conocida como umbráculo. El resto esperan en alguno de los otros tres invernaderos, donde reciben los cuidados necesarios hasta que llegue el momento de salir a la calle, preparadas para llevar a la ciudad.
El vivero también sirve para almacenar y recuperar algunos árboles singulares que estén enfermos o que hayan sido retirados de la zona verde que ocupaban en un proceso de urbanización.





