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Politica
Vitoria despide al agente asesinado por ETA y expresa su «hartazgo» hacia el terrorismo
El funeral de Estado se convierte en un homenaje a la Guardia Civil, en el que el obispo reta a los etarras: «¿Con estas acciones se sirve al bien del pueblo vasco?»

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Vitoria despidió ayer al guardia civil Juan Manuel Piñuel Villalón con un multitudinario funeral de Estado que se convirtió, además, en un caluroso e improvisado homenaje al instituto armado celebrado en el corazón de Euskadi. Miles de ciudadanos quisieron sumarse al oficio religioso, que congregó a las cúpulas policiales y del Ejército, a las principales autoridades del Estado y, en representación de la Familia Real, a los Príncipes de Asturias, que acompañaron a la viuda y los familiares del agente asesinado por ETA en Legutiano en la ceremonia religiosa que ofició el obispo de la capital alavesa, Miguel Asurmendi.

Desde horas antes de que comenzara el oficio fúnebre, centenares de vecinos se agolpaban en los alrededores del templo de María Inmaculada para rendir su último homenaje al agente asesinado. Antes del inicio de la ceremonia, la multitud casi llenaba las cinco naves de la catedral neogótica. En la puerta de la iglesia, la guardia de honor formada por 30 guardias civiles y otros tantos agentes de Policía esperaron la llegada de don Felipe y doña Letizia, acompañados de las principales autoridades: el lendakari Juan José Ibarretxe, la vicepresidenta María Teresa Fernández de la Vega, los ministros Alfredo Pérez Rubalcaba y Carme Chacón, y el presidente del Senado, Javier Rojo.

En el interior de la basílica ya se encontraban representantes de los principales partidos nacionales y autonómicos, entre ellos los socialistas José Blanco, Ramón Jáuregui, Patxi López o Antonio Hernando; los populares Soraya Saénz de Santamaría, María San Gil o Leopoldo Barrera; Gaspar Llamazares y Javier Madrazo, y varios miembros del gobierno y del parlamento vascos.

Los Príncipes de Asturias llegaron al templo casi a las diez y media de la mañana, minutos antes de que comenzara el funeral. Don Felipe y su esposa, de riguroso luto, fueron recibidos con una ovación. Los aplausos se hicieron aún más cerrados cuando arribó el féretro de Juan Manuel Piñuel en un coche fúnebre escoltado por diez guardias civiles a pie y seguido por una comitiva de coronas de flores que portaban sus compañeros del acuartelamiento atacado el pasado miércoles.

La viuda del agente asesinado, María Victoria, siempre protegida tras una gafas de sol negras, no se separó ni un instante del féretro durante su traslado desde la cercana Subdelegación del Gobierno, que acogió la capilla ardiente.

Vítores a España

Ocho agentes vestidos de verde y charol llevaron a hombros el ataúd, cubierto con la enseña nacional, hasta la puerta del templo, mientras la banda de la Guardia Civil interpretaba la marcha fúnebre. Luego, el himno de España sirvió de preámbulo para que la muchedumbre irrumpiera en aplausos y vítores al instituto armado y a España.

El féretro fue conducido ante el altar, donde nueve agentes de uniforme lo velaron durante toda la misa. Ya durante la ceremonia religiosa, el obispo, que concelebró la misa con otra veintena de religiosos, tuvo duras palabras para los terroristas y los que les apoyan. El prelado destacó el «sentimiento de rechazo y la rabia contenida contra los autores y los cómplices del terrible atentado».

Asurmedi resaltó «la sensación de hartazgo que sienten millones de personas ante un nuevo atentado criminal, que se une a cientos de actos similares a lo largo de cuarenta años de terrorismo de ETA». «¿Para qué ha servido este acto criminal? ¿Con estas acciones se sirve al bien del pueblo vasco? ¿Hasta cuándo va a durar entre nosotros la lacra del terrorismo?», preguntó el obispo a los etarras.

Durante el silencio posterior a la comunión, un desconocido gritó dentro del templo: «Juan Manuel, has muerto por ser español en una tierra en la que te puede costar la vida ser español. ¿Gracias por tu sacrificio! Otros cogeremos la antorcha». Sus palabras fueron respondidas por aplausos.

Al término del oficio, que casi duró una hora y media, don Felipe y doña Letizia, visiblemente afectada, presentaron sus condolencias a la viuda, la familia y a los compañeros del cuartel de Legutiano, a los que intentaron reconfortar con gestos de cariño. Apenas cargaron el féretro a hombros, volvieron los aplausos al agente dentro del templo.

La ovación se hizo mucho más fuerte cuando el ataúd volvió a la calle, donde fue recibido por el himno de la Guardia Civil, que el Príncipe entonó emocionado, y la oración fúnebre 'La muerte no es el final'. De nuevo retumbaron en el epicentro de Vitoria los vivas al instituto armado y a España y los aplausos al heredero de la Corona y a su esposa.

Despedida en Málaga

La comitiva se dirigió después al aeropuerto de Foronda, donde los restos mortales del agente y su familiares embarcaron en un avión con destino a Málaga, ciudad adoptiva de Juan Manuel Piñuel y donde fue incinerado. El obispo de Málaga, Antonio Dorado, ofició una emotiva misa a la que asistieron los principales líderes políticos de Andalucía, entre ellos su presidente, Manuel Chaves, y el líder del PP, Javier Arenas, que escenificaron la unidad de los partidos. Medio millar de personas acompañaron a los familiares, entre ellos numerosos guardias civiles que quisieron dar su último adiós a su compañero.

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