Entre los 1.300 espectadores que acudieron al Palacio de Congresos (con capacidad para 700 personas) para ver las dos funciones del espectáculo, buena parte del público se acercaba a la cuarentena en la edad lo que coincide plenamente con el fulgurante estreno del filme en el que Travolta daba vida a un 'rebelde sin causa' de nombre Danny, y Newton-John, encarnaba a la dulce e ingenua Sandy que, por amor, daría un giro radical en su vida incorporándose al club de las Pink Ladies.
Anoche, sobre el escenario, no faltó la mítica pareja. Podría decirse que el 'triunfito' Jose Antonio Vadillo, rescatado de la última edición de 'OT', es Danny, y que Ana Platero, es Sandy, pero, en realidad los productores del show no pretendían llevar el filme a las tablas si no sencillamente inspirarse en él para rendir tributo a la música de los años 50. Por eso los roles se difuminan a medida que el musical transcurre y acaban casi por diluirse entre el elenco de bailarines y cantantes.
El Grease Tour no es un musical ambicioso, no al menos en cuanto a despliegue de montaje y atrezzo, pero sí despliega todos sus medios para potenciar la música y las voces de los intérpretes.
'Noches de verano'
El musical, que empezó con un cuarto de hora de retraso en su primera función, arrancó con la canción que da título al tour, y siguió con temas tan conocidos como 'Noches de verano', 'Come on lets go', 'Fredy mi amor', 'Tears on my pillow' y la 'Marcha Rydell'. En este punto los artistas ya habían roto el hielo, pero quisieron más y así se lo hicieron saber a su público: «¿Gijón...! ¿Vais a estar así toda la noche?». Fue entonces cuando Vadillo cogió el micrófono y animó al público: «¿Arriba esas palmas!». Llegaba así una de las canciones más divertidas de la noche, 'Rama lama din dong', en la que el respetable fue animado a participar y respondió. El temazo, que en su día fue número uno en las listas de ventas, supuso un antes y un después en el concierto.
A partir de ese momento, el público interactúa, los personajes ya resultan más familiares y poco a poco queda atrás la idea de ver una reproducción de la película para dar paso a un espectáculo con guión propio.
32 canciones
Parte de la diversión que encierra 'Grease' está, además de en el revival que hace de los años 50, en sus coreografías. Y en su compenetración con el público influye también un vestuario lleno de colorido y en el que no faltan ninguno de los detalles convertidos en cliché de la década: los tupés y la gomina, las patillas, las cazadoras de cuero negro con los cuellos subidos, las faldas de vuelo de las chicas con cintura de avispa, los pompones de las animadoras, las cuñas de radio.. En fin todo ese tipo de complementos que, a falta de escenografía, trataron de evocar una época pasada.
El musical 'Grease' está lleno de energía y desgrana en sus casi dos horas de puesta en escena nada menos que 32 canciones, entre las que destacan 'Sandra Dee', 'Blue Moon', 'Hound Dog' y 'La bamba', además de las ya citadas.
Con ésta última y el 'Grease' instrumental que vaticina el fin del espectáculo el público acaba bailando en pie y sobre el escenario saludan bailarines y cantantes hasta que llega la despedida.
Un sencillo, pero entretenido homenaje a la música con la que se identificaron los jóvenes de una época y que mantiene su éxito entre las generaciones posteriores.





