
Con 71 años de edad y dos décadas de trabajo con las selecciones inferiores, Juan Santisteban no pudo tener mejor despedida. Ganó su sétimo título europeo, lloró de emoción y fue manteado por sus niños de oro, unos chavales con un presente extraordinario y un futuro halagüeño. Su forma de jugar, de ganar y, sobre todo, de encarar la final no se recordaba en unos adolescentes. Lejos de abrumarse por la responsabilidad, atenazarse por la presión o acomplejarse ante el poderío físico de los franceses, los nuestros salieron al campo con osadía y desparpajo, a ganar disfrutando. Cogieron el balón desde el minuto uno, comenzaron a moverlo bajo la extraordinaria batuta del azulgrana Thiago, el hijo de Mazinho, y bailaron a sus oponentes de cabo a rabo.
Nada que ver esta puesta en escena con lo que ocurrió en el partido entre ambas de la primera fase de este torneo, cuando el choque acabó con empate (3-3) pero la tricolor llevó casi siempre la iniciativa. España supo organizarse ayer alrededor del balón, defenderse siempre con él y buscar espacios arriba, donde destacó la movilidad del 'colchonero' Keko, un clon de Diego Capel que ha causado sensación en este Europeo de Turquía. 4 0





