El taxi por la bicicleta y la familiaridad de unas calles que conocen al dedillo por caminos intransitables que desaparecen con las lluvias. Emilio Fernández Gavela y Machús Rivaya Robles, un matrimonio de taxistas gijoneses, afrontará la primavera que viene la carrera más larga de su vida. Cerca de 15.000 kilómetros desde Turquía a Xian (China) por la antigua Ruta de la Seda, con el objetivo de hacer llegar a la ong Karuna Asia los fondos que recauden durante este tiempo. En la aventura en la que emplearán un año les acompañarán el belga Eric Welveart y la gijonesa residente en Taramundi Liliana García Valle.
«Estamos tan ansiosos por marchar que ya vendimos hasta la furgoneta», dice Emilio, de 38 años, que lleva cerca de veinte como taxista y que ultima los planes de un proyecto que nació en el 2005 tras un treking por el Anapurna. En Nepal conocieron a Matthieu Ricard, un francés director de la fundación Karuna Asia y prometieron regresar con ayuda para algunas de sus iniciativas. En principio, el objetivo más modesto que la pareja se marca es un dispensario hospitalario en Talong (China) y el más ambicioso una escuela en Banepa (Nepal).
Antes tendrán que solucionar el primer obstáculo del viaje: conseguir el año sabático. «Buscaremos a alguien que mantenga el taxi, no podemos dejarlo parado un año», señala Machús que comparte desde hace unos cuantos años la licencia del taxi con su marido. Superado ese «pequeño inconveniente» les esperan siete países (Turquía, Irán, Kazajstán, Kirgizistan, Tadzhikistan, Turkmenistán y China) fuertemente burocratizados, grandes montañas -en la ruta hay un paso por más de 4.000 metros- desiertos interminables como el de Takamaklan y temperaturas que oscilarán entre los 20 bajo cero y los 50 grados. Pero lo que más pavor les producen son los atracos y, especialmente, el caer enfermos lejos de un sitio donde puedan ser tratados.
Al margen de los preparativos burocráticos y económicos la pareja también se prepara física y mentalmente. «Deporte llevamos haciendo toda la vida y la exigencia creemos que será más mental». En ruta cargarán con un equipaje de 40 kilos, en el que incluirán además de sus pertenencias, un equipo de rodaje y un portátil para grabar la aventura. Comunicarse será una prioridad y, aunque hablan bien inglés, Machús agota las posibilidades para aprender ruso. «Empecé a clase con una amiga ucraniana y trataré de hablar algo».