Bajo la batuta de Miguel Ortega al frente de la Orquesta Oviedo Filarmonía y la dirección escénica de Jesús Castejón, llega esta semana, a partir del martes, día 17, 'La leyenda del beso', zarzuela de Reveriano Soutullo y Juan Vert, sobre libro de Enrique Reoyo, José Silva y Antonio Paso. La zarzuela está protagonizada por los barítonos Manuel Lanza y Juan Jesús Rodríguez, como Mario; los tenores Aquiles Machado y Álex Vicens, en el papel de Iván; la soprano Amparo Navarro, como Amapola, y Rafa Castejón en el papel de Gorón.
Estrenada en 1924 en el Teatro Apolo de Madrid, esta zarzuela además de constituir el primer éxito de Soutullo y Vert, revalidó posteriormente con 'La del Soto del Parral' y 'El último romántico', abrió la restauración de la llamada «zarzuela grande». Algunas de las características de esta modalidad de zarzuela son la ampliación de los cuadros escénicos, el retorno a los temas de la zarzuela romántica, y la inclusión de elementos operísticos, especialmente de la ópera verista. Entre sus representantes, cabe destacar entre otros, Amadeo Vives, Pablo Luna, Sorozabal, y, como no, el gallego Reveriano Soutullo y el valenciano Juan Vert.
A 'La leyenda del beso' le cabe el honor de contener una de las melodías más conocidas de la zarzuela: el 'Intermedio' del segundo acto, página de elaborada orquestación y que ha conocido diversas adaptaciones. Entre ellas la del grupo de música ligera 'Mocedades', que le añadió una letra con el título de 'Amor de hombre'.
Payos frente a gitanos
Dos mundos se enfrentan en 'La leyenda del beso'. El de los señorítos castellanos, representado por Mario y su amigo Goron, y, por otra parte, el universo gitano. La acción de la zarzuela se desarrolla en las propiedades de don Mario, dueño de un castillo rodeado de extensos bosques. Una tribu de gitanos le pide permiso para acampar en terrenos de su propiedad. Mario concede el permiso, a cambio de que se celebre una fiesta gitana.
Mario corteja a la joven zíngara Amapola, lo que provoca los celos y el enfado de Iván, gitano enamorado de Azucena.
La hechicera de la tribu, Ulita, advierte a Mario que no puede besar a Azucena. La madre de la bella gitana, antes de morir, colocó la muerte en la boca de su hija, por lo que el que la bese, morirá. El segundo acto se estructura en dos cuadros.
El primero se desarrolla en el campamento gitano. Iván, mientras afila el cuchillo, canta sus males de amor; los señoritos se divierten con garrotines aflamencados, fox trop y las gitanas bailan la zambra.
En el segundo cuadro, se vuelve a los alrededores del castillo. Mario aguarda la cita con Azucena. Cuando los enamorados se besan, aparece Iván, dispuesto a matar a su rival.
La hechicera Ulita detiene la lucha, y convence a Azucena para que vuelva con los suyos, dejando desolado al dueño del castillo. Mario comprende que la leyenda se ha hecho verdad, y que a él, sin Azucena, ya solo le espera la muerte. La muerte por amor. «He besado sus labios de cruel maldición y sus labios me han dado con el beso la muerte, que han matado el secreto de mi eterna ilusión».
Desde una perspectiva musical, 'La leyenda del beso' es una zarzuela compleja, de una gran riqueza melódica y una cuidada orquestación. Al igual que la ópera wagneriana, los autores utilizan, en la caracterización de los personajes y las pasiones, breves motivos melódicos recurrentes (leitmotivs) que dan cohesión a la obra.
Riqueza melódica
Entre estos motivos directos o ideas fijas, el tema inicial de las trompas; la melodía 'Amor mi raza sabe conquistar', de cierto parecido melódico con uno de los temas de Tosca, de Puccini, las primeras notas de la romanza 'Cantando amarguras' o el coral 'Caminar sin fin', alusivo al alma gitana. La orquestación no sólo se utiliza para simbolizar dos mundos opuestos, el de los castellanos con preeminencia de los vientos metales y el de los zíngaros, con una peculiar utilización de la percusión, sino también con gran sutileza en el acompañamiento del canto, por medio de oboé y arpa. El triángulo amoroso protagonizado por Mario, Iván y Azucena, se complementa con una gran participación del coro.
De hecho, es el coro el que cierra la mayor parte de los dúos y las romanzas. Las partes coreográficas proceden de dos fuentes, las variedades, por ejemplo en el fox trop o carrotín flamenco, y un andalucismo, no muy lejano al Falla de 'La vida breve', en la zambra gitana.