Muchos de los alumnos que ayer participaban en el curso 'Humor, prensa y actualidad', organizado en Llanes por la Universidad de Alcalá de Henares y el Ayuntamiento, ponían ayer cara a los autores de las viñetas que aparecen cada día en los principales diarios españoles. Y es que Llanes se transforma estos días en una hoja en blanco en la que los más ácidos caricaturistas y humoristas gráficos del panorama nacional tratan de esbozar una teoría sobre el humor a través de mesas redondas, ponencias, debates y, sobre todo, sarcasmo.
Dirigido por Antonio Fraguas 'Forges' y José María García Sombría, el curso reunió ayer en la villa llanisca a autores de la talla de Jesús Zulet -humorista gráfico del grupo Vocento, al que pertenece EL COMERCIO-, José María Pérez 'Peridis'-viñetista de El País-, Armengol Tolsá 'Ermengol' -del Segre y Diario de Andorra-, y Jaume Capdevilla 'Kap' -de La Vanguardia-. Pero también participan como profesores y ponentes hasta este domingo el propio Forges, Julio Rey (del tandem Gallego y Rey), Adriana Mosquera, Antoni Batllori Obiols, Albert Monteys, Javier Domingo, Federico Moreno Santabárbara y Begoña Carbelo Baquero. Un cartel de lujo que ayer ya dejó muestra de su buen humor a lo largo de las diferentes intervenciones.
Para 'Forges', en el momento actual «hay que dejar ya de dibujar a los terroristas» en las tiras gráficas. Considera que «quieren ese agujero informativo para tener resonancia, por lo que lo mejor sería no hacerles ni 'prostituto' caso». Describió al humorista como «el gestor del sentido del humor de toda la sociedad» y recomendó a los alumnos que «se aparten de sectarismos». Puso como ejemplo a la Iglesia: «se le ve tanto el plumero, que ahora vuelven a hablar en latín para que no se les entienda lo que dicen», aseguró.
Armengol, sin embargo, dijo durante una de sus intervenciones que, «de todo se puede hacer coña si se hace con respeto». Aunque acusó, eso sí, a los políticos en general de «intromisión profesional», al considerar que «ellos mismos son una mina de generar viñetas. Ellos actúan y nosotros sólo tenemos que dibujarlo». Como ejemplo puso a George Bush, de quien dijo que era «un chiste en persona».
Simbolismo
También Peridis se declaró afortunado por poder dedicarse a a la vez a sus dos «pasiones»: dibujar caricaturas y la política. «Como no valía para político, me metí a humorista gráfico», recordó. Tras hacer un repaso a sus inicios en la profesión, aquellos tiempos en los que «cuando Franco se ponía malo, era más fácil publicar viñetas», definió su estilo como «un dibujo de línea muy sencillito en el que tiene mucha importancia lo simbólico». De su pluma nació la famosa columna sobre la que descansan los presidentes del Gobierno de la nación, tradición que nació con Adolfo Suárez. «Se trataba de una reunión entre Gil Robles, Ruiz Giménez y el propio Suárez. Los dos primeros estaban prácticamente en la clandestinidad, así que para marcar las distancias puse a Suárez sobre una columna», recordaba. Después tuvo que dibujar a Carrillo. «Como estaba más oculto todavía que los anteriores, tuve que dibujarlo saliendo de un agujero», rememora. En sus últimas viñetas se ve a un Zapatero totalmente enredado sobre la columna. «No está en crisis, pero sí echo un nudo», reconocía.
Por su parte, Kap aseguró que «los políticos se merecen la penitencia a la que les sometemos los caricaturistas», aunque reconoció que en realidad «somos los últimos monos de los periódicos». También quiso dejar claro a los alumnos que «a pesar de que a veces no lo parezca, los políticos son personas».
Zulet se quejó amargamente del sentido cambiante de la actualidad, y de la esclavitud del humorista gráfico ante la voracidad informativa de la prensa escrita. «Los políticos utilizan la actualidad para vengarse de nosotros», aseguraba. Como ejemplo, recordó el día de su boda. «Me casé el día que Robert de Niro venía al Festival de Cine de San Sebastian y dejé la viñeta dibujada. Media hora antes de la boda, me llamaron del periódico para decir que no venía y que había que cambiar la viñeta». Fue una de las pocas veces que no lo hizo. «Les dije que dejaran la misma y cambiasen el texto por el de Robert me piro», explicó entre risas.