H E insistido, reiteradamente, en lo perjudicial que sería la idea de los minipisos en la Universidad Laboral. Vuelvo al tema por haber recogido opiniones de ex compañeros y ex alumnos del centro que se manifiestan en la misma dirección. Este invento, nacido de una visión optimista de grandonismo, exigía recoger antes datos relevantes. Hace un tiempo, nuestro presidente, el señor Vicente Álvarez Areces, presentó el proyecto para la construcción de 102 viviendas en régimen de alquiler en el espléndido edificio. (En época reciente, se habló de doscientas). Se pone el acento en una única vía, sin cotejar otras opciones, lo que no es justo, porque la demanda social de una residencia, que existe, no debe ser arrinconada.
La fórmula de los minipisos es inconsistente y no es lógico que la otra posibilidad -el colegio mayor o residencia de estudiantes- se desdeñe, sin determinar si este es o no el camino adecuado. La observación de lo cotidiano nos enseña que, a veces, ninguna solución es perfecta, pero una sí podría resultar mejor de entre varias posibles.
Afirmo que en este momento la idea concreta para estructurar una empresa de tal magnitud, teniendo en cuenta su ámbito, lugar, a quién va dirigido el proyecto y qué se pretende de ese quién (se supone que el estudiante), debe pasar por hacer realidad la susodicha residencia. Primero, porque un estudio económico, conducente a precisar la cualidad del pretendido objetivo, nos diría que, respecto al problema financiero -dotación de recursos-, la residencia ganaría por goleada. Y no digamos nada de la benevolencia de la practicidad. La ventaja de la residencia sobre el minipiso es infinita. El alumno estaría atendido mucho mejor, tanto en lo personal como en lo docente; el minipiso dará una privacidad negativa para la formación humana y académica, no así la convivencia con sus camaradas de residencia. La tercera alegación a favor de ésta viene de que ¿no es una pena dedicar una parte tan amplia de un edificio singular, catalogado como de máxima protección, para albergar en él pisos, formando una enorme colmena? ¿Así se le protege?
¿Por qué tomar esa resolución? Se trataba entonces con los doscientos pisos de ocupar nada menos que ocho mil metros cuadrados. Ahora, al hablar de 102 (¿es esta una primera fase?), supongo que el espacio se reducirá.
De este montaje resulta una absurda degradación, porque de lo noble a lo plebeyo únicamente hay un paso. La residencia de estudiantes o colegio mayor poseen el regusto de lo universitario; su ubicación parecería, evidentemente, una forma natural de seguir dando vida a la magna construcción y no es lógico que estos espacios se dediquen a una obra de minipisos, relevante, sí, pero innecesaria. No así el colegio mayor o residencia.
Aplíquese en este asunto, además de racionalidad, prudencia y tómese un compromiso lógico de uso del edificio para alcanzar el objetivo adecuado. Que éste no sea otro diálogo de sordos que con tanta frecuencia salen a la luz y, por tanto, estéril.